La sociedad catalana de finales del siglo XIX era profundamente injusta. Una parte de la población sufría unas condiciones de vida miserables. Algunos obreros de ideología anarcocomunista cuestionaban el sistema político, económico y social imperante mediante la propaganda por los hechos: a bombazos. Las bombas orsini, una especie de granadas de mano que estallaban al impactar, fueron utilizadas en diversos atentados. El 24 de septiembre de 1893, por ejemplo, Paulí Pallàs hirió con uno de estos artefactos al capitán general Arsenio Martínez Campos, durante una revista militar en el cruce de la Gran Via de les Corts Catalanes con Muntaner. Para vengar la muerte de Pallàs, que fue juzgado y fusilado en Montjuïc, Santiago Salvador lanzó dos bombas orsini más en el Liceo, el 7 de noviembre de 1893, durante la representación de una ópera. Aunque, por suerte, sólo la primera de las dos explotó, el resultado fue pavoroso: 22 personas muertas y 35 heridas.
A raíz del atentado del Liceo, una parte de la buena sociedad barcelonesa empezó a identificar a los anarquistas, y en general a la clase obrera, con la parte más oscura del alma humana. Dos años después de estos hechos, Antoni Gaudí, un cristiano ferviente, esculpió en el pórtico de la Virgen del Rosario de la Sagrada Familia La tentación del hombre, simbolizada por un anarquista que recibe una bomba orsini de una garra diabólica. Las armas las carga el diablo, afirma el dicho. Y las bombas orsini, opina Gaudí, también.

junio 18, 2010 a las 3:59 pm |
Hola,
Debo comentarle que me ha gustado mucho su blog. Encuentro que las rutas que dan son my interesantes (para uno que no conoce). La verdad es que voy pronto a Barcelona por pocos dias. Yo vivo en Santiago de Chile.
Muchas gracias,
Carola