Recorrido por el Raval

Este recorrido sigue las calles Carme, Hospital y Riereta, y culmina con la visita a Sant Pau del Camp y las Drassanes

El Raval nació en la edad media como un barrio delimitado por la muralla del siglo XIII (la actual Rambla) y la muralla del siglo XIV (que seguía el Paralelo y las rondas de Sant Pere y Sant Pau). A causa de la hecatombe demográfica provocada por la peste negra de mediados del siglo XIV, el Raval medieval no llegó a poblarse (a excepción del triángulo comprendido entre la Rambla, la calle del Carme y la del calle Hospital). Así, durante mucho tiempo fue un barrio de huertos y conventos. Por fin, durante el siglo XIX, de la mano de las transformaciones ligadas a la industrialización, el Raval se urbanizó y se convirtió en un populoso barrio obrero.

Pues bien, este recorrido parte de la Rambla y se adentra hacia el corazón del Raval. En el número 105 de la Rambla está la casa Francesc Piña, más conocida como El Regulador, pues así se llamaba la relojería que en otro tiempo hubo aquí. El edificio es obra de Josep Fontseré i Domènech (1850) y conviene pararse a contemplar su fachada rosada, con sus falsas columnas jónicas y sus angelotes en lo más alto.

Justo enfrente, en la esquina de la Rambla con la calle del Carme, se alza la iglesia de Betlem, un notable templo barroco construido por la Compañía de Jesús (1732). Tras su puerta principal (decorada profusamente con esculturas –san Ignacio y san Francisco de Borja–, relieves, columnas salomónicas, volutas, un óculo…), el interior presenta la típica estructura de los templos jesuíticos (una amplia nave con capillas laterales conectadas entre sí –de modo que es posible pasar de una a otra sin necesidad de volver a la nave– y, encima, tribunas reservadas a las clases ricas).

Si continuamos Carme adelante, hallaremos en el número 24 los almacenes El Indio, con su fachada modernista tardía (1922), que alcanzaron su mejor época antes de la guerra civil, gracias a la venta de telas de lujo que se importaban de Londres y París.

En el número 47, tras una pesada reja, encontramos a mano izquierda la Reial Acadèmia de Cirurgia i Medicina (1764), de Ventura Rodríguez, un edificio con una sobria fachada neoclásica y cuyo interior atesora una sala de disección circular, con una mesa de mármol en el centro y una gradería de sillas de madera y bancos de piedra alrededor. A la derecha, y hasta la calle del Hospital, se alzan imponentes las diversas construcciones del antiguo Hospital General de la Santa Creu.

Este gran hospital se empezó a construir en 1401, en tiempos del rey Martí l’Humà, por decisión del Consell de Cent, que pretendía centralizar en una única sede todos los hospitales de Barcelona. Durante los siglos en que fue la principal institución de salud de la ciudad, experimentó diversas ampliaciones. En 1926 se trasladó al Hospital de la Santa Creu i de Sant Pau.

Al cambiar de ubicación, sus dependencias fueron ocupadas por el Institut d’Estudis Catalans, la Biblioteca de Catalunya y la Escola Massana (una escuela de bellas artes). Más tarde se abrió una biblioteca popular. Así pues, hoy es un microcosmos dedicado a la cultura y el arte.

La Casa de Convalecencia (1655-1678), concebida como edificio para enfermos que estaban a punto de recibir el alta, fue edificada gracias al legado testamentario del caballero Pau Ferran, un mercader que nació en la miseria y murió en la opulencia. El patio presenta dos pisos con arcadas. El superior tiene el doble de arcos que el inferior. En el centro hay un pozo coronado por una estatua de san Pablo, obra de Lluís Bonifaç (1678), en honor del benefactor.

El patio central del hospital, obra de Guillem Abiell (1417), es el corazón de la parte más antigua del conjunto. Tiene dos escalinatas señoriales (1585) que conducían a las enormes salas donde se alojaban los enfermos. Cada una de ellas está guardada por una imagen (la Caridad y san Roque, abogado contra la peste). La cruz y la columna salomónica son del siglo XVII. Este jardín apacible, poblado por naranjos y acacias, invita a olvidarse de las prisas, la circulación y los bocinazos.

De nuevo en la calle del Carme, en la esquina con Egipcíaques hay otra imagen de San Pablo y una inscripción en honor de Pau Ferran, junto con su escudo (obra de Domènec Rovira el Jove, 1668). En la acera de enfrente, una fuente de 1931 que resultó destrozada en marzo de 1938, durante un raid aéreo, y que tuvo que ser reconstruida; junto a ella, una placa rinde tributo a las víctimas de los bombardeos franquistas, muchas de las cuales perecieron a causa de las bombas que cayeron en estas calles.

Más adelante, en el número 63 y en la esquina con Riera Alta, dos establecimientos modernistas, el bar Muy Buenas, que tiene casi un siglo de historia, y la de la farmacia Casellas, más que centenaria.

Seguimos avanzando, siempre por Carme. En el número 106 encontramos un caserón de finales del siglo XVIII que fue la residencia de Erasme de Gònima, el industrial que creó la mayor fábrica textil de la Barcelona de su tiempo. Esta fábrica, que daba empleo a mil obreros, estaba en la actual calle de Erasme de Janer (nombre de su nieto, que heredó el negocio) y fue visitada en 1802 por Carlos IV.

La plaza del Pedró es el corazón del Raval medieval. Según la tradición, en este lugar, que era una confluencia de caminos, fue clavada santa Eulalia en una cruz en aspa y se produjo la nevada milagrosa que cubrió su cuerpo desnudo. El Consell de Cent lo quiso conmemorar en 1673 alzando un monumento en honor de la que entonces era la patrona de la ciudad (hoy lo es la Mercè). El aspecto actual de este monumento data de la restauración de 1997.

En esta misma plaza, a espaldas de la santa, se encuentra, encajonada entre edificios modernos, la capilla de Sant Llàtzer (siglo XII), que formó parte en la edad media del hospital de leprosos. Desde la calle de Sant Llàtzer se puede contemplar el ábside, de estilo inconfundiblemente románico.

Nuestro siguiente objetivo es la iglesia de Sant Pau del Camp. Para llegar hay que seguir la calle del Hospital hasta el gran rótulo de un parking, girar a la derecha por calle de la Cera y, a continuación, recorrer hasta el final la calle Riereta, popularmente conocida en otro tiempo como la calle del Ruido por el estruendo de las máquinas de sus fábricas.

En el número 3 de la Cera y en los números 10, 21, 29, 35, 37… de Riereta hay asociaciones y antiguas factorías que recuerdan que en el siglo XIX este era un barrio industrial cuyos obreros que se organizaban para tener acceso a la cultura o reivindicar jornadas laborales humanas, el derecho de asociación, sueldos dignos, viviendas habitables, la limitación del trabajo infantil…

El Raval fue uno de los principales escenarios de la huelga general de 1855. En la calle de la Cera tuvo su sede el sindicato les Tres Classes de Vapor, fundado en 1869, que agrupaba a fabricantes de hilo, tejedores mecánicos y preparadores de hilo. También los hechos de la Semana Trágica fueron particularmente graves aquí. En fin, la lista de ejemplos de aquellas luchas sociales y políticas sería inagotable…

Al llegar a la calle de Sant Pau, en el número 92, se puede ver lo que fue la entrada de la España Industrial. Esta fábrica textil empezó a funcionar en 1839 y en 1847 se mudó a Sants. Cerca, una solitaria chimenea marca el lugar donde un día hubo otra factoría. Más y más vestigios de la época en que los vapores llenaban de humo el barrio.

Quien decida asomarse a la Rambla del Raval, paralela a Riereta en dirección al centro de Barcelona, no puede perderse la estatua de Fernando Botero (a la altura del número 24) ni el lugar donde murió Salvador Seguí (esquina de la calle Sant Rafael con el número 17 de la Rambla).

El descomunal gato de Botero es de bronce y pesa 2.200 kg. Desde luego, se le nota que “está de buen año”. Fue instalado aquí en el año 2003, tras recorrer de tumbo en tumbo la ciudad. Antes había estado en el parque de la Ciudadela, junto al estadio de Montjuïc y en la calle Portal de Santa Madrona, en un rincón sombrío, pegado a un muro y apenas transitado. El enfado del escultor colombiano por semejante marginación fue monumental, y nunca mejor dicho… Hoy, por fin, este antiguo nómada descansa en un lugar donde se deja admirar. De hecho, se ha convertido en una de las esculturas más fotografiadas de la ciudad.

Salvador Seguí fue un destacado dirigente anarquista que cayó abatido el 10 de marzo de 1923 por los pistoleros a sueldo de la patronal catalana. Los primeros años de la década de 1920 fueron una época de violentas luchas sociales entre los empresarios y los sindicatos. Entre 1920 y 1923 murieron en las calles de Barcelona más de doscientas personas a manos de los matones de unos y otros. Otra vez, el Raval fue uno de los escenarios de aquellos enfrentamientos y Salvador Seguí, una de las víctimas más destacadas.

La Rambla del Raval es un espacio nuevo que se ha convertido en la espina dorsal del “Ravalquistán”. Fue abierta entre 1997 y 2000, en el marco de las obras de rehabilitación del barrio promovidas por el Ayuntamiento. Como ocurrió a principios del siglo XX con la apertura de la Via Laietana, estas reformas tuvieron un elevado precio para el patrimonio histórico de Barcelona. Por ejemplo, la desaparición de Can Buxeres (un edificio modernista del arquitecto Antoni Serrallach) y de una farmacia modernista de Puig i Cadafalch, que se encontraban en la calle Hospital. Las protestas de quienes intentaron evitar el destrozo cayeron en saco roto.

Sant Pau del Camp (siglo XIII) es la iglesia románica más bien conservada de la ciudad. Formó parte de un antiguo monasterio benedictino a las afueras de Barcelona, en pleno campo, del que se tiene constancia documental desde el año 912 y que hubo de ser reconstruido tras el saqueo de Barcelona por el ejército musulmán de Almanzor (año 985).

El templo es de planta de cruz griega, tiene tres ábsides y está coronado por una torre campanario. En su interior alberga los restos del fundador del monasterio, el conde Guifré II Borrell (hijo de Guifré el Pilós, el legendario “diseñador” de la senyera), y también un pequeño claustro que es una verdadera joya.

La fachada está decorada con arquillos ciegos que descansan sobre ménsulas con forma de cabezas; dos columnas con capiteles visigóticos de mármol; una curiosa mano de Dios; un Cristo en majestad junto a san Pedro y san Pablo, y los símbolos de los cuatro evangelistas. En el dintel de la puerta, una inscripción en latín vende la vida eterna: Haec domini porta via est omnibus horta ianva sum vitae (“Esta puerta es el camino del Señor para todos, el portal del huerto de la vida”). En lo más alto, los restos de la fortificación que protegía la entrada de posibles ataques nos recuerdan, no obstante, que no todos los que pasaron por aquí aceptaron de buen grado la invitación a entrar en paz.

Por la calle abat Safont, con las chimeneas de lo que fue una fábrica de electricidad como punto de referencia, llegamos a la plaza de Raquel Meller, presidida por una estatua de Josep Viladomat en la que la artista aparece interpretando La violetera, quizá su cuplé más conocido junto con El relicario.

Estamos en el Paralelo, la gran avenida inaugurada en 1894 cuyo trazado coincide con el paralelo geográfico 41° 22’ 33’’ norte. Fue el astrónomo Josep Comas i Solà (1868-1937) quien divulgó esta coincidencia. Gracias a las observaciones astronómicas de este barcelonés ilustre, hoy hay un asteroide que lleva el nombre de Barcelona.

Durante el primer tercio del siglo XX, el Paralelo se convirtió en un animado mundo de teatros, cafés cantantes y music-halls que trataban de recrear la bohemia nocturna de París. En torno a estos locales también se desarrolló un submundo de prostitución y marginalidad. Los teatros Apolo y Arnau son algunos de los escasos vestigios que se conservan de aquel ambiente que vio triunfar a Raquel Meller, la Bella Chelito y la Bella Dorita, entre muchas otras artistas.

En el último tramo del Paralelo se conserva un lienzo de la muralla que Pere III el Cerimoniós construyó en el siglo XIV. En una de las torres se abre la puerta de Santa Madrona, en un aparente estupendo estado de conservación. Lo cierto, no obstante, es que lo que vemos se debe a una restauración realizada con más bien poco rigor histórico en 1952.

Tras las murallas se encuentran las Drassanes (siglo XIV), los talleres medievales de construcción de barcos más bien conservados del mundo. Con ocho naves, sus dimensiones son enormes. Hoy albergan el Museo Marítimo, donde se puede ver la reproducción de la galera capitana que Juan de Austria comandó en la batalla de Lepanto (1571) y el submarino Ictíneo I de Narcís Monturiol (1859). Y al otro lado del Paralelo, en dirección a la montaña, el Poble Sec, que nos ocupará en otro paseo.

Enlaces relacionados con este recorrido:
La Rambla + Institut d’Estudis Catalans + Academia de Medicina + Biblioteca de Catalunya + Biblioteca de Sant Pau + Escola Massana + MACBA + CCCB + Museo Marítimo + Ravalnet

Sitúa sobre el plano los puntos del recorrido con ayuda del buscador de la Guía urbana: clic.

4 comentarios to “Recorrido por el Raval”

  1. 11 de mayo, Sant Ponç « Barcelona a pie Says:

    […] En el pasado en la capilla del Hospital de la Santa Creu se veneraba una imagen de Sant Ponç, abogado contra las chinches y otros molestos animalejos, y era costumbre acudir a la feria a comprar una hierba bendecida que, puesta bajo la cama, se decía que protegía durante un año contra parásitos indeseables. Hoy esta tradición ha perdido su sentido, pero la feria se sigue tan concurrida como siempre. Si decides visitarla, no pierdas la oportunidad de darte un paseo por los edificios del Hospital General de la Santa Creu, que durante más de 500 años fue la principal institución hospitalaria de la ciudad (ver el recorrido por el Raval). […]

  2. Pere Ramells Says:

    yo vibi en la Plaza Padró asta1946 en aquel entonces habia una fábrica de almidón derribaron todo para habrir la calle que comunica con Riera Alta ,creo que en la historia de Barcelona fue importante,pues la banda Municipal de Barcelona dava conciertos el dia de Sta Eulalia los dueños de la fábrica los obsequiaban con un ágape,tengo fotos de mi infancia y muchos más recuerdos se nombran pocos aspectos de dicha plaza, yquedamos pocas personas que los rememoren,habia una escuela, mi escuela,y cuando era San Pons se llenaba de deliciosa frutay flores….

  3. Pere Ramells Says:

    fue la fabrica de almidón anteriormente la fabrica textil de Erasmo Jane ,estoy muy interesada,yo pase mi infancia en dicha finca y pertenecia al Sr Jaime Poch ,por favor si alguien lo sabe que me informe gracia

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