La Barcelona de Orwell

[A finales de diciembre de 1936] los anarquistas seguían manteniendo el control virtual de Cataluña, y la revolución estaba aún en pleno apogeo. A quien se encontrara allí desde el comienzo probablemente le parecería, incluso en diciembre o en enero, que el período revolucionario estaba tocando a su fin; pero viniendo directamente de Inglaterra, el aspecto de Barcelona resultaba sorprendente e irresistible. Por primera vez en mi vida, me encontraba en una ciudad donde la clase trabajadora llevaba las riendas. Casi todos los edificios, cualquiera que fuera su tamaño, estaban en manos de los trabajadores y cubiertos con banderas rojas o con la bandera roja y negra de los anarquistas; las paredes ostentaban la hoz y el martillo y las iniciales de los partidos revolucionarios; casi todos los templos habían sido destruidos y sus imágenes, quemadas. Por todas partes, cuadrillas de obreros se dedicaban sistemáticamente a demoler iglesias. En toda tienda y en todo café se veían letreros que proclamaban su nueva condición de servicios socializados; hasta los limpiabotas habían sido colectivizados y sus cajas estaban pintadas de rojo y negro. Camareros y dependientes miraban al cliente cara a cara y lo trataban como a un igual. Las formas serviles e incluso ceremoniosas del lenguaje habían desaparecido. Nadie decía señor, o don y tampoco usted; todos se trataban de «camarada» y «tú», y decían ¡salud! en lugar de buenos días. La ley prohibía dar propinas desde la época de Primo de Rivera; tuve mi primera experiencia al recibir un sermón del gerente de un hotel por tratar de dársela a un ascensorista. No quedaban automóviles privados, pues habían sido requisados, y los tranvías y taxis, además de buena parte del transporte restante, ostentaban los colores rojo y negro. En todas partes había murales revolucionarios que lanzaban sus llamaradas en límpidos rojos y azules, frente a los cuales los pocos carteles de propaganda restantes semejaban manchas de barro. A lo largo de las Ramblas, la amplia arteria central de la ciudad constantemente transitada por una muchedumbre, los altavoces hacían sonar canciones revolucionarias durante todo el día y hasta muy avanzada la noche. El aspecto de la muchedumbre era lo que más extrañeza me causaba. Parecía una ciudad en la que las clases adineradas habían dejado de existir. Con la excepción de un escaso número de mujeres y de extranjeros, no había gente «bien vestida»; casi todo el mundo llevaba tosca ropa de trabajo, o bien monos azules o alguna variante del uniforme miliciano. Ello resultaba extraño y conmovedor. En todo esto había mucho que yo no comprendía y que, en cierto sentido, incluso no me gustaba, pero reconocí de inmediato la existencia de un estado de cosas por el que valía la pena luchar. Asimismo, creía que los hechos eran tales como parecían, que me hallaba en realidad en un Estado de trabajadores, y que la burguesía entera había huido, perecido o se había pasado por propia voluntad al bando de los obreros.” (George Orwell, Homenaje a Cataluña)

George Orwell (1903-1950), autor de Rebelión en la granja y 1984, llegó a España al final de 1936. Se contagió hasta tal punto del ambiente de revolución proletaria que percibió en la Barcelona roja que ingresó de inmediato en la milicia obrera, “porque en esa época y en esa atmósfera parecía ser la única actitud concebible”. Destinado al frente de Huesca como miembro de las milicias comunistas antiestalinistas del POUM (en la foto destaca por su altura al final de la formación), fue gravemente herido en el cuello. Finalmente, temiendo por su vida a raíz de la represión desencadenada por el gobierno de Juan Negrín contra el POUM, se vio obligado a huir de España en 1937.

Esta introducción es una excusa para recomendaros encarecidamente la lectura de Homenaje a Cataluña (1938). La fascinante descripción que uno de los escritores más agudos del siglo XX hace de la Barcelona de 1936-1937 resulta impagable. Esta gran obra cambiará para siempre vuestra visión de la ciudad (en particular la de ciertos lugares de la Rambla). Advertidos estáis.

2 comentarios to “La Barcelona de Orwell”

  1. Xavi Says:

    Magníficos estos artículos. Entretienen y dan ganas de ponerse a patear por la ciudad, a descubrirla con ojos distintos a los de siempre.

    He llegado buscando la inscripción latina de la fachada de la Cofradía de la Santa Sangre, que siempre me ha intrigado, y aunque no la he encontrado (encontré la traducción hace tiempo en otro lado), no ha sido mala cosa llegar a parar aquí. Queda archivado en los favoritos.

    ¡Gracias por las rutas! Y por el gusanillo por el libro de George Orwell, que tengo por ahí a la espera de encontrarle unos ratos.

  2. Barcelonauta Says:

    ¿Y qué decía la inscripción de la Puríssima Sang? Tal vez no tenga demasiado misterio…

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