Recorrido por Gracia

Este recorrido parte de la plaza de Lesseps, atraviesa el barrio de Gracia y acaba en la plaza de Rovira i Trias

Gracia fue en otro tiempo uno de esos pueblecitos alejados de la Barcelona amurallada. Como Sarrià, Sant Gervasi, Sants, Sant Andreu de Palomar, Sant Martí de Provençals, Horta… Aunque la expansión de la ciudad acabaría engulléndolas, estas poblaciones supieron conservar su trazado urbano antiguo y su aspecto de “islas” en medio de la cuadrícula de Cerdà. Ello les otorga hoy una personalidad propia, fácil de apreciar cuando un@ pasea por sus calles. Gracia, en particular, es el paradigma del barrio con encanto.

Nuestro recorrido comienza en la plaza de Lesseps (metro línea 3, Lesseps). Nada más asomarnos a la calle nos encontramos con las casas Ramos (plaza Lesseps, 30, 31 y 32), un edificio modernista de 1906 con una espectacular fachada decorada con motivos florales. Esto sí que es un buen recibimiento.

Esta obra fue un encargo de Ricard Ramos al arquitecto Jaume Torres i Grau (1880-1945), que supo unir exteriormente tres comunidades de vecinos tras una fachada común. Conviene pararse a admirar, por ejemplo, la puerta central, la decoración de la tribuna del principal (especialmente las abejas de la forja) y los esgrafiados florales de la fachada.

Cruzamos el paso de peatones y tomamos la calle Gran de Gràcia, el principal eje comercial del barrio. Enseguida encontraremos, a mano derecha, la calle Carolines. En el número 24 está la casa Vicens, una residencia de verano encargada en 1888 a Antoni Gaudí por Manuel Vicens i Montaner, un fabricante de ladrillos y azulejos. La fachada, de reminiscencias árabes, está hecha con los materiales que el propietario poseía en abundancia.

Aunque es obra de un joven Gaudí que todavía no ha abandonado la línea recta, tiene algunos toques de audacia, especialmente las torres de las esquinas y esa especie de contrafuertes que sobresalen de la fachada. El jardín, que fue en su origen mucho más grande que el actual, está cerrado por una verja de hierro que imita las formas de las hojas de palmito.

Volvemos sobre nuestros pasos y, de nuevo en Gran de Gràcia, encontramos la casa Trilla (número 177-181), una masía del siglo XVII que nos recuerda que en otro tiempo muchas de las casas de Gracia se hallaban aisladas en medio de un mar de campos. Hoy los edificios ocupan lo que fueron cultivos y encajonan la masía hasta la asfixia. El reloj de sol de la fachada principal vegeta, triste, a la sombra.

Seguimos bajando por Gran de Gràcia y, una vez dejada atrás la parada de metro de Fontana, tomamos a la derecha la Rambla de Prat. Aquí hay una serie de edificios modernistas cuyos portales invitan a asomar la nariz para contemplar pinturas, estucados y esculturas.

Si recorremos la calle Berga llegaremos a la plaza de la Libertad (¡puede haber un nombre más evocador?) y al mercado, creado en 1875 y cubierto más tarde (en 1893) con una estructura de hierro por el mestre d’obres Francesc Berenguer. Francesc Berenguer i Mestres (1866-1914), amigo y colaborador de Gaudí, dejó su huella arquitectónica por todos los rincones de Gracia.

Regresamos a Gran de Gràcia por la calle de Santa Eugènia, camino de Travessera de Gràcia. En la esquina (Gran de Gràcia, 77), otra elegante casa de Francesc Berenguer. Por cierto, el cruce de Gran de Gràcia y Travessera es la zona más antigua del barrio. El proceso de urbanización de Gracia se inició precisamente aquí, a principios del siglo XIX.

En el número 128 de Travessera de Gràcia hay una fuente de tres caños, adornada con azulejos, que data de 1845, tal como explica la inscripción. Unos pasos más y, tras desviarnos a la derecha por la calle Matilde, llegamos a la plaza de la Vila de Gràcia (hasta hace poco, plaza de Rius i Taulet), el centro administrativo de Gracia.

La sede del distrito (1905) es un edificio de Francesc Berenguer, como no. Conviene recordar que esta plaza fue la sede del ayuntamiento durante los años en que Gracia constituyó un municipio independiente (de 1821 a 1823 y de 1850 a 1897). Y que Francesc de Paula Rius i Taulet fue el alcalde de Barcelona bajo cuyo mandato Gracia fue incorporada a la metrópolis barcelonesa.

Llama la atención la torre, de 33 metros de altura, obra de Antoni Rovira i Trias (1864), gracienc y arquitecto municipal de Gracia. Está decorada con los escudos de Gracia, Barcelona, Cataluña y España, y con los signos del zodíaco. El reloj se concibió con cuatro esferas para que pudiera ser visto desde todas las partes de Gracia.

En lo más alto, la histórica campana de Gracia que en marzo de 1870 llamó a la rebelión contra la decisión del gobierno de establecer quintas para el servicio militar. Una rebelión que acabó siendo reprimida a cañonazos por el ejército. Y es que los graciencs (¡y más aún las gracienques!) eran dur@s de pelar…

De hecho, Gracia fue uno de los lugares de Barcelona donde el movimiento obrero estuvo más organizado y más implicado en las luchas sociales y políticas del siglo XIX. Algunos nombres de calles y plazas recuerdan los ideales republicanos y obreristas: Llibertat, Fraternitat, Mariana Pineda, Revolució de 1868, Progrés… De aquellos tiempos de lucha se mantiene igualmente viva la tradición asociativa, pues en Gracia hay organizaciones de todo tipo.

Si dejamos la plaza por la calle de Mariana Pineda y continuamos por Xiquets de Valls, llegaremos a la plaza del Sol, otro de los rincones agradables del barrio. Tan agradable que se ha convertido en uno de los lugares de ocio, vida social y bullicio nocturno más frecuentados de Barcelona (para desesperación de los vecinos, dicho sea de paso). Claro, que no siempre ha sido así. Bajo esta plaza hubo durante la guerra civil un refugio antiaéreo…

Si subimos por Torrent de l’Olla, en la esquina con Montseny encontraremos un ángel modernista que hace un siglo señalaba la presencia de un farmacia (ojo a la copa y la serpiente que sostiene en la mano). El edificio sobre cuya fachada está es la masia de Can Pardal (1875). Conviene pararse a observar la torre del reloj, que parece querer hacer la competencia a la de la plaza de la Vila.

Algo más arriba tomamos la calle Or hasta llegar a la plaza del Diamant, tan conocida gracias a la novela de Mercè Rodoreda. En el subsuelo se puede visitar el refugio antiaéreo que construyeron los vecinos durante la guerra civil. Más adelante, siguiendo por Or, encontraremos la plaza de la Virreina. Por cierto, los nombres de algunas calles de por aquí, tan “preciosos” (Diamant, Or, Topazi, Robí, Perla…), se deben a que en otro tiempo los terrenos pertenecieron al joyero barcelonés Josep Rossell.

Al regresar del Perú, el virrey Amat, además de una mansión en la Rambla de Barcelona, se hizo construir una lujosa villa de veraneo en lo que hoy es la plaza de la Virreina (1773). El lugar era entonces incomparable, ya que tenía una espléndida vista sobre el llano de Barcelona. Al morir el virrey, el palacio fue heredado por su esposa, Maria Francesca Fivaller, la virreina que da nombre a la plaza. Después de pasar por diversas manos y usos, la villa fue demolida en 1878.

La iglesia de Sant Joan fue edificada en 1894, de nuevo por el incombustible Francesc Berenguer. Durante la Semana Trágica (1909) fue incendiada, como tantos conventos e iglesias de Barcelona, y tuvo que ser restaurada. El propio Berenguer participó en la reconstrucción de la iglesia y la rectoría, y, además, edificó muy cerca una bella casa (calle Or, 44). En 1936 la iglesia volvió a arder y, tras la guerra civil, resurgió de nuevo de las cenizas.

La casa de Or (número 44 –1909–), es un edificio modernista de cinco pisos coronado con pináculos de ladrillo. La fachada está adornada con esgrafiados y los balcones, con barandillas de forja y trencadís (esa especie de mosaico hecho con azulejos troceados).

Y ya de camino hacia la última parada del recorrido (por Or y Joan Blanques hay que llegar hasta la plaza de Rovira i Trias), hallamos una finca de una sola planta que data de 1867 (calle Montmany, 70). Otro vestigio más, junto con otras casas cercanas, de los tiempos en que las clases acomodadas construían, en una Gracia todavía alejada de Barcelona, torres ajardinadas de veraneo. ¡Y qué magnífica panorámica tendría la atalaya de la casa!

En la plaza que marca el final del recorrido destaca la escultura en bronce del arquitecto Antoni Rovira i Trias (1816-1889), el ganador del concurso de proyectos de ensanche que el Ayuntamiento de Barcelona convocó en cuanto fueron derruidas las murallas de la ciudad (1859). El caso es que el proyecto de Rovira i Trias jamás se llevó a la práctica porque el gobierno de Madrid, que era quien en última instancia tenía el poder de decidir, prefirió el de Ildefons Cerdà.

Tal como se ve a los pies de la estatua, el plan de Rovira se articulaba en ejes radiales que partían de la Barcelona antigua. Un@ puede imaginarse cómo hubiera sido la Barcelona de Rovira y compararla con la Barcelona de Cerdà que conocemos. En fin, que cada un@ juzgue cuál de los dos proyectos era el mejor…

Para quienes deseen continuar paseando, la plaza del Pueblo Romaní, en el meollo de la Gracia gitana, es otro rincón apacible. Una placa en memoria del Gato Pérez recuerda a aquel cantante que en la Barcelona de las décadas de 1970 y 1980 fundió la música de gitanitos y morenos con la poesía que él trajo de Argentina. Por cierto, la placa se encuentra sobre una chimenea, el único vestigio que se conserva de la fábrica textil Puigmartí (El Vapor Nou, siglo XIX).

Enlaces relacionados con este recorrido:
Mercado de la Llibertat + distrito de Gracia + Gracianet + Graciapedia

Sitúa sobre el plano los puntos del recorrido con ayuda del buscador de la Guía urbana: clic.

Una respuesta to “Recorrido por Gracia”

  1. Patxi Says:

    La semana pasada disfruté de seis días de vacaciones en Barcelona. La ciudad preciosa, llena de luz y de vida. Unos días para no olvidar, entre otras cosas por la ayuda que me supuso su estupenda guía de recorridos por Barcelona que me resultaron muy amenos y prácticos. Me encanta pasear y no podía encontrar mejor colaboración para una visión de la ciudad caminando.

    Un saludo y gracias por realizar tan buen trabajo.

    Patxi

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