Todos éramos verdugos

“Poco o nada ha cambiado la calle Bòria, en Barcelona, aunque ahora se dedica a otros menesteres.

Durante buena parte de la Edad Media, éste fue uno de los escenarios europeos de la justicia convertida en espectáculo público.

El bufón y los músicos encabezaban la procesión. El condenado, o la condenada, salía de la cárcel a lomo de burro, desnudo o casi, y mientras iba recibiendo azotes era sometido a una lluvia de insultos, golpes, escupitajos, mierda, huevos podridos y otros homenajes de la multitud.

Los más entusiastas castigadores eran los más entusiastas pecadores.”

(Eduardo Galeano, Espejos, Siglo XXI)

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