La casa de los braceros

Josep Guardiola i Grau (1831-1901) salió de l’Aleixar, el pueblecito de Tarragona que le había visto nacer, siendo un jovenzuelo de diecisiete años. Cuando regresó a Europa, cuatro décadas más tarde, había acumulado una fortuna de veinte millones de pesetas. Y todo gracias en gran parte al café de Guatemala. Fue allí, concretamente en San Pablo Jocopilas, donde a mediados del siglo XIX compró una finca, El Chocolá, de la que supo extraer el mejor café de América central. Pronto se encargó de hacerlo llegar a las mesas de los más selectos sibaritas. Tuvo, además, la habilidad de deshacerse de la hacienda, por un precio que multiplicaba por miles el precio a que la había comprado, justo antes de que los precios internacionales del café cayesen en picado. Instalado en París, se dedicó a la buena vida, en compañía de Roser Segimon i Artells (1870-1964), una chiquita reusenca que se convirtió en su esposa en 1891.

En 1903, Roser, ya viuda, paseaba su duelo por el balneario de Vichy cuando Pere Milà i Camps (1874-1940), un muchacho de la burguesía barcelonesa con fama de seductor, se fijó en tan buen partido. Dos años más tarde eran marido y mujer. No tardó en correr el chiste de que Perico, que así llamaban a Milà, no se había casado con la viuda de Guardiola, sino con la guardiola (‘hucha’) de la viuda. Pere invirtió una parte de la fortuna de Guardiola en la construcción de una nueva casa para la pareja, la Casa Milà, que hoy es uno de los edificios más famosos del mundo.

Y si Pere obtuvo el dinero de Roser, Roser heredó su fortuna de Josep y Josep la amasó en Guatemala, aprovechemos la ocasión para dar las gracias a los jornaleros indígenas que trabajaron, a saber en qué condiciones, en los cafetales de El Chocolá. De algún modo, les debemos la Pedrera.

2 comentarios to “La casa de los braceros”

  1. Sílvia Says:

    Buenas,

    Simplemente decir que el blog me parece estupendo. Soy una enamorada de mi ciudad y voy a intentar hacer esos recorridos aconsejados, lugares que he pisado miles de veces y a los que quizás no presté la merecida atención.

    Gracias

    Un saludo

    Sílvia

  2. Suz Says:

    Pues cuando una va a la Pedrera los guías no cuentan nada de esta historia de cafetales y segundas nupcias… Eso sí, recuerdo que contaban que la Sra. de Milà siempre estaba reclamándole a Gaudí que porque no podía hacer almenos una pared recta para poder poner un armario “normal”😉
    ¡Gracias por tu blog!

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