Recorrido por Sant Andreu

Este recorrido parte del paseo de Torras i Bages, atraviesa la plaza de Orfila y continúa por Gran de Sant Andreu y el paseo de Fabra i Puig

Sant Andreu es uno de esos barrios que en otro tiempo fue un pueblo alejado de Barcelona. Un pueblo, Sant Andreu de Palomar, que, ya en el siglo XI, vivía de la viña y de los regadíos que florecían junto al Rec Comtal, el canal que llevaba a Barcelona el agua del río Besòs. Un pueblo que, durante el siglo XIX, creció rápidamente al calor de la industrialización y que, finalmente, en 1897, fue agregado a Barcelona. Un pueblo que, desde mediados del siglo XX, vio llegar a miles de nuevos vecinos y experimentó un impulso urbanizador definitivo a costa de sus últimas huertas.

El recorrido empieza en el paseo de Torras i Bages (Torras i Bages, línea 1, salida Palomar). A lado y lado de este tramo del paseo hubo hasta 1996 dos cuarteles, el de Artillería y la Maestranza. Estos cuarteles fueron uno de los escenarios de los hechos del 19 de julio de 1936 y, de aquí salieron, tras el asalto de las fuerzas obreras, los fusiles que armaron a las milicias populares en los primeros tiempos de la guerra civil española (1936-1939). También fueron triste noticia en 2003, antes de ser demolidos, cuando los inmigrantes sin papeles que se habían refugiado aquí fueron desalojados sin contemplaciones.

En el número 108 de este paseo se encuentra Can Carasses, una masía muy antigua, nada menos que de 1611, aunque su aspecto actual se debe a un reforma de 1856. En 1931 se convirtió en escuela, y hoy lo sigue siendo. Tras el muro que da al paseo, estirando el cuello se barrunta un jardincillo romántico que quizá en otro tiempo estuvo rodeado de viñedos.

Al otro lado del paseo, en el número 91-105, se alza una de las joyas arquitectónicas del barrio, la casa Bloc. La casa Bloc fue un encargo de la Generalitat republicana, en 1932, al GATCPAC (Grup d’Arquitectes i Tècnics Catalans per al Progrés de l’Arquitectura Contemporània) como edificio de viviendas para familias obreras. La casa Bloc fue un proyecto pionero si tenemos en cuenta que, en la época, muchos de quienes llegaban a trabajar a Barcelona acababan sin remedio en barracas miserables.

Josep Lluís Sert, Josep Torres Clavé y Joan Baptista Subirana, arquitectos de la casa Bloc, diseñaron una serie de edificios dispuestos en forma de Z, que cobijaban 207 apartamentos dúplex de unos 70 metros cuadrados, sencillos y funcionales, bien soleados y ventilados, y organizados entorno a dos patios.

Algo más allá aparece la plaza de Orfila, el corazón del Sant Andreu más antiguo. En esta plaza sobresalen la sede del distrito y la iglesia parroquial. La sede del distrito (que fue Casa de la Vila hasta 1897) es un edificio de 1842 reformado en 1915. La iglesia parroquial fue proyectada por un hijo ilustre del barrio, el arquitecto modernista Pere Falqués i Urpí, y se levantó durante la segunda mitad del siglo XIX para sustituir al templo gótico anterior, que se había quedado pequeño por el crecimiento demográfico del barrio.

Se trata de una iglesia imponente, con ínfulas de catedral, que parece no echar de menos la torre izquierda que un día existió en la mente del arquitecto, que disimula estoicamente los achaques de la edad y que ni siquiera quiere acordarse de tragedias pasadas (en 1882 la cúpula se desplomó durante una misa y mató a varios feligreses; en 1909 y, de nuevo, en 1936 fue incendiada por los anarquistas).

En el interior de la iglesia pueden admirarse las pinturas murales que Josep Verdaguer, otro andreuenc de pro, pintó entre 1954 y 1960. En la fachada, encima del rosetón, hay un escudo de Sant Andreu de Palomar, con la cruz de san Andrés, la paloma y la mano abierta de rigor.

Por cierto, hay que recordar que de la antigua iglesia gótica salió, cubierto por un velo negro, el Cristo enarbolado como estandarte por los segadores que se rebelaron contra las tropas de Felipe IV y mataron al virrey en Barcelona, el 7 de junio de 1640. Un hecho que marcó el inicio de una larga guerra, la guerra dels Segadors (1640-1652), y que todavía hoy se recuerda en la letra del himno oficial de Cataluña.

Detrás de la iglesia, la plaza de la Estación es un lugar ideal para sentarse un rato a la sombra en los días de calor. A un lado se levanta la clínica Sant Jordi, donde han nacido tantos andreuencs y andreuenques, y, al otro, unas casitas bajas del siglo XIX construidas para los obreros del ferrocarril, que llegó a Sant Andreu en 1854.

Más allá, para quien quiera cruzar el puente que salva las vías, se encuentra La Maquinista, un centro comercial que conserva el nombre de la que fue una de las industrias emblemáticas de Cataluña (ver el recorrido por la Barceloneta). En el parque que hay junto al centro comercial, inaugurado en 2000, un peculiar edificio espera acoger algún día el museo de La Maquinista.

Si desde la plaza Orfila tomamos la calle de l’Ajuntament, una de las más bonitas del barrio, llegaremos a la plaza del Comerç, con su aire de plaza de pueblo y su peculiar reloj, que parece pensado para miopes despistados que se hubieran dejado las gafas en casa.

En la plaza del Comerç hubo a mediados del siglo XIX un fortín que tomó parte en los enfrentamientos armados de aquella agitada época. Por cierto, ya que hablamos de guerras, en la farmacia Franquesa (Gran de Sant Andreu, 256) conservan, junto a la puerta, primorosamente enmarcados, dos balazos, “recuerdo” de un tiroteo durante la guerra civil. Puestos a conservar, también guardan el mobiliario del siglo XIX y una caja registradora que parece recién salida del túnel del tiempo.

El carrer Gran de Sant Andreu (que en otro tiempo fue el Camí Ral que conducía a Barcelona) es una calle con una animación comercial sorprendente, que resiste con brío la competencia de las grandes superficies que en los últimos años se han instalado en el barrio. Muchas de estas tiendas pertenecen a las mismas familias que las han regentado durante generaciones. Como el bar Versalles, que contempla la plaza desde los bajos de Can Vidal, un soberbio edificio modernista de 1907, obra del arquitecto andreuenc Joan Torras i Guardiola (Gran de Sant Andreu, 255).

Si continuamos por el carrer Gran y giramos a la derecha por la calle del Mercat, daremos con una plaza porticada de 1850, obra de Josep Mas i Vila, y con el mercado (1908). Mas i Vila es el arquitecto que hizo la fachada neoclásica del Ajuntament de Barcelona y que a punto estuvo de deshacer la gótica (ver el recorrido por el barrio Gótico).

A través de la calle Vintró (o mejor aún, del pasaje cubierto que está en el número 9 de la plaza) se puede llegar la calle Rubén Darío, que conserva algunas casitas construidas hacia 1861 para los obreros de la Fabra i Coats.

En la plaza de Rubén Darío hubo algunas de estas casitas. Se desmoronaron durante las obras de prolongación del metro de Fabra i Puig a Torras i Bages (1965-1967), y ello costó la vida a varios vecinos. Hoy siguen presentes en forma de ilusión óptica sobre el mural que Antoni González Gabarré pintó en 1986. En el suelo de esta misma placita, un mosaico elaborado en 1994 por niños de las escuelas de Sant Andreu rinde homenaje a Joan Miró.

La Fabra i Coats, en la calle Sant Adrià, fue en otro tiempo la mayor fábrica textil de España. Fundada en 1843 por Ferran Puig i Gibert, adquirió su peculiar nombre en 1903, a raíz de la fusión de la empresa catalana, Hilaturas Fabra, con la compañía inglesa Coats.

En el barrio se conocía popularmente a la Fabra como “Can Mamelles”, pues eran muchas las familias que vivían de su generosa ubre. Además de ocupación, la empresa ofrecía a los trabajadores casa cuna (guardería), atención médica, economato y otras muchas ventajas que justifican la imagen de “madre nutricia” que tuvo entre los obreros.

Lo que hoy es el centro cultural Can Fabra formó en su día parte del complejo industrial. Este imponente edificio, construido a mediados del siglo XIX, alberga hoy, entre otros servicios, la Biblioteca Ignasi Iglesias, una de las más grandes de Barcelona. Ante la entrada de Can Fabra, una fuente luminosa, inaugurada en 1995 por Pasqual Maragall, trata en días señalados de hacer sombra a su hermana mayor de Montjuïc.

De nuevo en el carrer Gran, en dirección “a Barcelona”, pasamos junto a la calle Ignasi Iglésias. En la casa del número 37 nació Ignasi Iglésias i Pujades (1871-1928), periodista, poeta y, sobre todo, dramaturgo de gran éxito en su tiempo.

Más adelante, si nos asomamos a la calle Coroleu, además de algunas casas modernistas, encontraremos la Societat Coral La Lira (Coroleu, 15), una entidad cultural que ya en 1870 era lugar de reunión para andreuencs y andreuenques, lo cual no dejar de ser un buen ejemplo de la fortaleza del movimiento asociativo del barrio.

En la esquina del carrer Gran con la calle Sócrates, en la fachada de una finca modernista en cuyos bajos abre sus puertas otro de esos comercios de toda la vida, encontramos un recuerdo de la participación de Sant Andreu en las guerras y disturbios del siglo XIX. Se trata de una bala de cañón disparada por las tropas del general Prim que en 1843 reprimieron la Jamancia.

La Jamancia fue una bullanga (revuelta popular) contra el gobierno conservador de Madrid. Debe su nombre a que muchos de sus “voluntarios” se enrolaron únicamente por el rancho (jamar en caló significa ‘comer’). Con tan famélica tropa, no es de extrañar que fuera un fracaso…

Visto lo visto, cualquiera diría que la principal afición de los habitantes de este barrio consiste en conservar balazos y cañonazos en las paredes… En absoluto. No muy lejos del proyectil, Els Catalanistes (Ramon Batlle, 2) sigue fomentando entre sus socios, después de un siglo y medio de actividad, el teatro, el canto, la danza, la música, el deporte, etc.

Si seguimos por la calle Sócrates, pronto avistaremos Sant Pacià, un templo de inspiración gótica que hoy es parroquia y que en otra época fue la iglesia del colegio de religiosas de Jesús y María. Este templo, obra de Joan Torras i Guardiola, guarda celosamente un mosaico realizado por Gaudí en 1880. Tan celosamente, que muy pocos saben de él… El mosaico está en el suelo de la iglesia, hecho con pequeñas piezas de mármol que trazan figuras geométricas. Restaurado en 1989, espera, en perfecto estado de revista, nuevos visitantes.

Por la calle de les Monges nos encaminamos hacia el final del recorrido, la rambla de Sant Andreu, también conocida como paseo de Fabra i Puig. La Rambla, desaparecida en 1969, en tiempos del alcalde franquista Porcioles, fue recuperada en 1995 gracias a la movilización vecinal. De nuevo, otra muestra del sentido de lo común de la gente del barrio. Por cierto, Can Guardiola (la casa modernista del número 13), también fue salvada in extremis de la voracidad de la especulación por la presión popular…

Y aquí estamos, al pie de Can Guardiola. Fin de trayecto. O no… Por la calle Nadal podemos encaminarnos hacia el parque de la Pegaso, antaño fábrica de camiones y, antes, de los míticos automóviles Hispano Suiza. O seguir rambleando, pararnos en un café o una pastelería, subirnos a La Torreta (un antiguo depósito de aguas que se encuentra el número 98 del paseo)… Cruzar la Meridiana, quizá, para visitar el monumento que en 2003 el norteamericano Sol LeWitt dedicó a las víctimas del terrorismo…

Enlaces relacionados con este recorrido:

Escuela Ignasi Iglesias + Districte de Sant Andreu + Can Fabra + Sant-andreu.com

Sitúa sobre el plano los puntos del recorrido con ayuda del buscador de la Guía urbana: clic.

6 comentarios to “Recorrido por Sant Andreu”

  1. Blanca Says:

    Hola, no se si te acordás de mi, yo te escribí hace un tiempo para preguntarte sobre unos recorridos en Barcelona. BUeno, solo quería comentarte que ya me fui a Europa y ya volvi. Con mis amigas usamos tus tours y fueron muy útiles… Barcelona es precioso…
    Bueno, solo para agradecerte por la información.
    Saludos desde Argentina
    Blanca

  2. Judith Says:

    Increible paseo!!! he aprendido más cosas de mi barrio hoy que en mis 32 años…. Gracias!!!!

  3. MARIA LLUISA Says:

    Buen trabajo, he encontrado a faltar, El Centro Civico de Sant Andreu, El Ateneu donde estudio el Ilustrismo Dr. Puigvert, La escola Pegaso, El Pont del Drago, el Carrer Grau, etc. etc., pienso que se podría ampliar haciendo reseña der estos lugares tan emblamaticos y de su historia.

    Saludos.

    M. Luisa

  4. Martín Says:

    Bona feina, nos quedamos con ganas de más!!

  5. M. Teresa Prats Vila Says:

    M’ha agradat també molt i és una bona feina. Pot ser si que manca anomenar quelcom mes d’antic. Com per exemple, la gran tradició teatral del barri, els Lluisos?Però està molt be

    M. Teresa Prats

  6. Enrique Says:

    Magnifico resumen, he vivido en San Andrés durante 23 años y me ha gustado mucho recordar todos los rincones que ya conocía y donde pasé quizas los mejores años de mi vida.
    Enrique

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