“Jo, que trempat visquí!”

En la Barcelona del Antiguo Régimen se inhumaba a los muertos junto a las iglesias. A finales del siglo XVIII, el crecimiento de la población urbana y el avance de las doctrinas higiénicas hicieron que se construyera un nuevo cementerio a las afueras de la ciudad, en el Poblenou. A los barceloneses no les gustaba este lugar, tan alejado de todo, pero, a raíz de la gran epidemia de fiebre amarilla de 1821, que mató a 8.000 personas, los cementerios de siempre quedaron desbordados y no hubo más remedio que recurrir al del Poblenou. A mediados del siglo XIX, ya fue necesario ampliarlo.

En el Poblenou hay enterrados personajes ilustres como Narcís Oller, Xavier Benguerel, Serafí Pitarra, Josep Anselm Clavé, Narcís Monturiol, Josep Llimona, Mary Santpere o José Luis de Vilallonga, entre otros muchos, y se alzan imponentes mausoleos de banqueros, industriales y comerciantes del siglo XIX que quisieron exhibir en sus casas eternas la riqueza que les sobró en vida.

No obstante, los inquilinos más populares del cementerio son dos difuntos muy humildes. El primero, Francesc Canals i Ambrós, un empleado de los almacenes El Siglo de la Rambla que murió en 1899, con tan sólo 22 años. Al parecer, Francesc predijo en su lecho de muerte que su padre ciego recuperaría la vista, cosa que en verdad acontenció una vez muerto él. Desde entonces, la gente empezó a llamarlo “santet” (‘santito’) y a rezarle para solicitarle favores. Como la tradición popular le atribuye algún que otro milagro, su tumba está siempre llena de flores, velas encendidas, exvotos y notas manuscritas con peticiones.

Del segundo inquilino no sabemos mucho, sólo que se llamaba Josep Verneda y que murió antes de tiempo por culpa de un médico desatinado. O al menos eso pensaban quienes encargaron su impagable epitafio: “Josep Verneda em diguí. Jo, que sense mal ni dañs, pasats setanta nou añs, robusto y trempat visquí, un metje…, no diré qui, sols un dia em visità, un vomitiu m’ordenà, responguí que no’l volia, ell digué que’m curaria, i vas morir l’endemà.” [“Josep Verneda me llamé. Yo, que sin mal ni daños, cumplidos setenta y nueve años, robusto y sano viví, un médico, no diré quién, sólo un día me visitó, un vomitivo me mandó, respondí que no lo quería, dijo él que me curaría, y me morí al día siguiente.”] Genio y figura, hasta la sepultura.

Una respuesta to ““Jo, que trempat visquí!””

  1. Elena (Pelusa) Says:

    Hola! Encontre este blog el domingo pasado (15 mayo), y me resulto de gran ayuda para organizar un paseo que dimos ayer por Barcelona. Acabo de publicar una entrada en mi blog sobre este paseo con fotos incluidas. Aqui le dejo el link: http://diariodelapelusa.blogspot.com/2011/05/barcelona-pie.html
    A partir de ahora, con mas tiempo, leere mas de lo mucho que tiene aqui publicado. Muchisimas gracias por esta genial idea!
    Un abrazo.

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