Recorrido por el Poblenou

Este recorrido parte de Can Ricart y, tras atravesar la Diagonal, recorre el Poblenou más antiguo hasta la plaza Prim

El Poblenou es un barrio agradable que simboliza, quizá como ningún otro, lo mejor y lo peor de la profunda transformación que ha experimentado la ciudad en los últimos años.

Una Barcelona que, en un contexto mundial de globalización, se ha abierto al mundo, se ha convertido en destino de grandes inversiones, ha celebrado fastuosos eventos, ha alzado edificios emblemáticos y ha recibido a millones de visitantes extranjeros. Una Barcelona que a la vez, y como efecto de todo lo anterior, ha perdido a marchas forzadas una parte de la esencia entrañable que todavía recuerdan quienes la conocieron antes de 1992. El lema que en su día proclamaron muchos poblenovins, “No volem canviar de barri”, da que pensar sobre cuán difíciles de asimilar han resultado en ocasiones cambios tan vertiginosos.

Hablar del pasado del Poblenou equivale a evocar la industrialización del siglo XIX. Si Cataluña fue considerada entonces por su dinamismo la “locomotora de España”, del Poblenou se dijo que era “la Manchester catalana”. La disponibilidad de terrenos y agua y la relativa proximidad a Barcelona facilitaron que, desde principios del XIX, se instalasen aquí muchas fábricas textiles, alimentarias, metalúrgicas… Hoy poco queda ya de aquel paisaje plagado de chimeneas, que ha dado paso a áreas residenciales de nueva planta (como la Vila Olímpica o Diagonal Mar) y al distrito tecnológico 22@.

Este itinerario comienza en Can Ricart (TRAM T4, Pere IV), uno de los puntos emblemáticos del Poblenou industrial. Empezado a construir en 1852, este complejo industrial de 21.000 metros cuadrados se dedicó durante décadas a la confección de tejidos. Una vez extinguida su actividad, la plataforma vecinal “Salvem Can Ricart” se movilizó con la intención de preservar íntegramente el recinto. Finalmente, en abril de 2008, la Generalitat de Catalunya zanjó la polémica entre vecinos, propietarios y gobierno municipal al declararlo bien cultural de interés nacional y disponer qué partes se habían de conservar (un 70% de lo que reclamaban los vecinos). Can Ricart ofreció durante años un aspecto desolador, hasta que en 2015 empezó a transformarse en el Parc de les Humanitats i les Ciències Socials de la UB.

Junto a Can Ricart se encuentra el parque del Centre del Poblenou, un espacio verde de más de 55.000 metros cuadrados (lo cual es noticia en una ciudad donde tanto abundan las “plazas duras”, también llamadas zones merdes por algunos ciudadanos con mucha guasa). Este parque es obra de Jean Nouvel, el arquitecto de la Torre Agbar, y fue inaugurado en abril de 2008. Quizá lo que más destaca en él es el pozo del mundo, un cráter donde se puede entrar en contacto con otras partes del planeta gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación.

Para dirigirnos hacia el meollo del Poblenou hay que atravesar la Diagonal, que en este tramo final une la plaza de las Glòries con el mar. Ya que estamos aquí, conviene recordar que en la plaza de las Glòries, donde hoy se encuentra un conocido centro comercial, hubo otra de las grandes industrias del Poblenou, la Hispano Olivetti, que cerró en 1987, cuando las máquinas de escribir empezaban a convertirse en antiguallas de museo.

En el otro extremo, junto a la playa, donde en 2004 se levantó el recinto del Fórum de las Culturas (además de un centro comercial más), descansa la memoria de los fusilados del camp de la Bota, triste rincón que encarna lo peor de nuestras luchas cainitas del pasado. Unas 1.700 personas fueron fusiladas allí entre 1939 y 1952.

Tras pasar ante una imponente mole acristalada de 37 plantas, obra de Dominique Perrault (otro hotel de lujo y un arquitecto estrella más), tomamos la calle Bilbao, a la izquierda, y, a continuación, el camí antic de València, a la derecha.

Enseguida llegaremos a Can Felipa (Pallars, 277), donde ya empieza a respirarse el “sabor de barrio” al que cantó el Gato Pérez. Can Felipa fue una fábrica textil que cerró en 1978. Restaurado en 1991 por el arquitecto Josep Lluís Mateo, este edificio con aire de castillo francés alberga hoy un club deportivo municipal.

Si proseguimos por la calle peatonal de Marià Aguiló, en dirección al mar, y al llegar a Llull giramos a la izquierda, con la parada de autobús como punto de referencia, iremos a parar a lo que queda de Can Saladrigas, otra antigua fábrica textil, hoy convertida en biblioteca y casal para gente mayor.

No muy lejos de aquí, retrocediendo de nuevo por Llull, se encuentra la rambla del Poblenou, que data de 1886. La mayor parte de los edificios que la flanquean son de inicios del siglo XX y ni que decir tiene que aquí establecieron su residencia los más pudientes del barrio (industriales, comerciantes…). Destaca el Casino de l’Aliança (en el número 42), sede de una entidad recreativa y cultural creada en 1869 (si bien el edificio actual es de 1929).

En el chaflán de enfrente, la horchatería Tío Che, que lleva sirviendo sus productos, primero en la Barceloneta y más tarde en el Poblenou, desde principios del siglo XX. Su fundador, Pere Joan Iborra, llegó a Barcelona desde La Nucia (Alicante) en 1912, con la intención de embarcarse hacia América. El azar quiso que perdiese el barco y que se quedase aquí para hacer fortuna elaborando horchata y helados. “Che, prova això!”, era la frase con que ofrecía refrescos a los transeúntes, que lo rebautizaron con el mote de “Tío Che”.

En el suelo de la rambla, una serie de placas metálicas recuerdan a algunos personajes ilustres del barrio. Uno de ellos es Joan Agustí i Carreras, alcalde de Sant Martí de Provençals, que conmocionó a sus vecinos al suicidarse en 1891 de un tiro, a los 40 años, sin que nunca se llegaran a aclarar las causas de tan trágica muerte. (Por cierto, entonces el Poblenou dependía administrativamente de la población de Sant Martí.)

El escritor Xavier Benguerel (1905-1990), hijo del barrio, también tiene una placa, bien merecida, pues sin duda fue el mejor cronista de la vida cotidiana y los conflictos sociales de la Manchester catalana, en obras como El Poblenou o Icària, Icària (novela con la que ganó el premio Planeta en 1974).

Les dones del Cànem, cuya triste vida describe Benguerel, trabajaban en Godó Hermanos (Bartolomé y Carlos, los mismos del diario La Vanguardia), una fábrica de yute donde el empleo era seguro y los sueldos, de miseria. La factoría se encontraba entre las calles Llacuna, Ramon Turró y Llull, y tras la guerra civil (1936-1939) se convirtió en prisión para “rojos y separatistas”. De Guatemala a Guatepeor.

En el Poblenou tuvieron lugar sangrientas luchas entre obreros de ideología anarquista, que se rebelaban contra la explotación, y sus patronos. Uno de los líderes de aquellos trabajadores (también con placa), Joan Garcia Oliver (1902-1980), llegaría a ser ministro de la República en los primeros meses de la guerra civil, lo cual, tratándose de un anarquista, opuesto por definición a la idea de Estado, no deja de ser un caso insólito.

Una vez rambleada la Rambla, tomamos la calle del Taulat hacia la izquierda para girar a la derecha en Topete y llegar a la plaza Prim, que se había llamado plaza Isabel hasta la revolución de 1868. Aquel año el general Prim no sólo echó a Isabel II de España, también desterró su nombre de este lugar. Esta bella placita fue en su día el centro de la parte más antigua del Poblenou, la barriada del Taulat, un interesante conjunto de casitas bajas de mediados del siglo XIX, prácticamente desaparecido a causa de “reformas” recientes.

Según la leyenda, en esta plaza vivió un grupo de seguidores del socialista utópico francés Étienne Cabet, quien en Voyage en Icarie (1842) describió una sociedad ideal basada en la propiedad comunitaria y la igualdad social.

Las ideas de Cabet fueron “importadas” a Cataluña por el inventor Narcís Monturiol a través del semanario La Fraternitat. Un grupo de catalanes, entre los que se encontraban Joan Monturiol (hermano de Narcís), Pere Montaldo y Joan Rovira se desplazaron a Nauvoo (Illinois) para ayudar al viejo Cabet a fundar Icaria en tierras norteamericanas. Se dice que Montaldo, consecuente con sus ideas, llegó a participar en la guerra de Secesión en el bando antiesclavista y fue condecorado por su valor. Pues bien, entre 1846 y 1848 se intentó poner en marcha una Nueva Icaria en Poblenou.

Aquellos idealistas aspiraban a un mundo sin violencia, sin explotación, sin pobreza… Soñaban. Si hubieran vivido unos años más hubieran visto cómo, a un tiro de piedra de la plaza Prim, sobre la arena de la playa, se improvisaban barrios de chabolas (el Pequín, la Mar Bella, el Bogatell, el Somorrostro…), azotados por la miseria, el hambre y los temporales de mar, que en más de una ocasión se llevaron por delante vidas humanas. Si regresaran hoy, quizá les sorprendería saber que, según Cáritas, el 10% de los barceloneses sobrevive con menos de 300 euros al mes y que incluso, en estos últimos años de crisis, está reapareciendo el barraquismo (sin ir más lejos, en los solares abandonados de algunas antiguas fábricas del Poblenou). ¡Ah, las paradojas de la Barcelona del siglo XXI!

Enlaces relacionados con este recorrido:

Plataforma vecinal “Salvem Can Ricart” + Can Felipa + portal del Poble Nou + Archivo Histórico del Poblenou

Sitúa sobre el plano los puntos del recorrido con ayuda del buscador de la Guía urbana: clic.

3 comentarios to “Recorrido por el Poblenou”

  1. isa Says:

    vivo en poblenou y no sabía ni la mitad de las cosas que he podido leer. Muchas gracias!!

  2. Eastriver Says:

    Paradojas hirientes, qué duda cabe… A dónde iremos a parar no lo sé, aunque lo puedo temer. Sí sé de dónde venimos, y venimos de una época en que las playas de Barcelona eran las de la foto… Se necesitó el espíritu del Poble Nou para avanzar. Esperemos recuperar ese espíritu y esos valores.

  3. rivendelpaz Says:

    Acabamos de hacer este recorrido. Precioso. Gracias por compartirlo.

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