Barcelona, ciudad fallera

sopena
Con demasiada frecuencia los de Barcelona exhibimos un insólito espíritu fallero a la hora de tratar el patrimonio heredado de quienes nos precedieron. Somos capaces de destruir edificios soberbios en un abrir y cerrar de ojos, preservando, eso sí, algún elemento que, cual ninot valenciano indultado, nos recuerde qué fantástico debió ser lo que acabó irremediablemente convertido en polvo. Es el caso, por ejemplo, de las chimeneas que uno se encuentra al caminar por el Raval, Sant Andreu, Gracia o el Poblenou, tristes vestigios de fábricas enormes en otro tiempo.

Un caso en concreto del que solo había oído hablar me ha llamado poderosamente la atención al verlo de frente. En una pared del interior de manzana dedicado a Maria Mercè Marçal se conserva, hecha picadillo, la fachada neorrenacentista de la antigua editorial Sopena, que tuvo su sede durante un siglo en la izquierda del Ensanche, concretamente en la calle Provença, entre Viladomat y Comte Borrell. Tras el cierre de la editorial en 1996, la edificación sucumbió bajo la piqueta, pese a las protestas de los vecinos, para ser sustituida por un flamante bloque de pisos.

El artista Jordi Gispert creó un mural en 2002 con los restos de la fachada de la editorial, esculturas, azulejos y baldosas. El resultado es notable, lo cual no impide que uno lo interprete como un conjunto de melancólicos huesos de lo que hoy podría seguir siendo un edificio bien vivo…

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