La reina del Paralelo

Qué lejos quedan aquellos tiempos, allá por las primeras décadas del siglo xx, en que el Paralelo era la gran arteria del ocio nocturno de las clases populares de Barcelona, un animado universo de tabernas, teatros, cafés cantantes y music-halls que trataban de recrear la bohemia nocturna de París y que convivían con un submundo poblado por marineros, anarquistas, prostitutas, travestís, chulos, chaperos, cocainómanos, carteristas, pordioseros y buscavidas de todo pelaje.

De aquella época en que en el Montmartre barcelonés las músicas más alegres convivían con la más sórdida de las miserias quedan unos pocos vestigios, como los teatros Arnau, Apolo y El Molino (versión local del Moulin Rouge parisiense), y una estatua de la cupletista Raquel Meller junto al Arnau que la vio triunfar. La Meller fue la reina del cuplé romántico y sentimental desde su debut en 1911, y merece la pena pararse a observarla convertida en efigie de bronce mientras canta La violetera que la hizo célebre.

Pocos años antes, otra reina del Paralelo había hecho furor entre el público masculino, solteros, casados y viudos, gracias a la pulga que implacablemente, noche tras noche, se cebaba en sus blancas carnes: «Tengo una pulga dentro de la camisa / que salta y corre y loca se desliza; / por eso quiero poderla encontrar / y, si la cojo, la tengo que matar»: Consuelo Portela, la Bella Chelito, que se presentó en 1903, siendo una adolescente, en el teatro Onofri.

Este animalejo tan inoportuno había atacado a otras vedettes antes que a la Chelito, pero ella gastaba más arte que nadie a la hora de perseguirla. «Míreme bien, caballero, ¿la ve, usted?», preguntaba candorosamente, con su cara de niñita buena, mientras se bajaba el deshabillé para mostrar, visto y no visto, un pecho. El caballero enloquecía sin remedio, y con él todos los del teatro, que estallaban en aplausos y aullidos de «¡El otro, el otro!».

Tales admiradores solían aguardarla en la calle, tras la función, para regalarle flores y perfumes, entregarle cartas de amor y hasta pedirla en matrimonio. Su madre, doña Antonia, una mujer de armas tomar que no la dejaba ni a sol ni a sombra, no solía tener problemas para espantarle a los moscones, si bien es cierto que en más de una ocasión el ímpetu de semejantes jaurías obligó a la Guardia Civil a desenvainar los sables.

Para desgracia de sus admiradores de toda España y de Cuba, donde había nacido por azar cuando la isla era aún una colonia, la Chelito decidió retirarse en 1928. Con la fortuna ahorrada «con el sudor de mi cuerpo y la sabia administración de mi madre», como declaró en una entrevista, compró el teatro Chantecler de la plaza del Carmen de Madrid, el mismo que con el correr del tiempo se llamaría teatro Muñoz Seca. Se convirtió en empresaria teatral, renegó de las variedades, se hizo de misa diaria y se dedicó a su familia. Atrás quedaban los tiempos en que cierta prensa había atacado su pretendida indecencia y la había comparado con el diablo.

Pero ya se sabe que a rey muerto, otro en su puesto. Tan pronto como la Chelito desapareció de escena le salieron imitadoras en esto del cuplé golfo, erótico o sicalíptico (del griego sykon, ‘vulva’, y aleiptikós, ‘refregamiento’, ni más ni menos). Algunas, en ocasiones antiguas prostitutas que habían tomado clases de canto para cambiar la calle por el escenario, estaban dispuestas a despojarse de lo que hiciera falta con tal de echarle mano a la pulguita.

Recuerdo haber visto en la televisión local de Barcelona un reportaje sobre la vida nocturna de los años de la República. Un ancianito explicaba que, siendo un niño, se había colado en un teatro para contemplar el espectáculo por un agujero. Una de las artistas, quitándose estorbo tras estorbo en pos del bichito, se había quedado en cueros vivos. No le hizo falta jurar que aquello pasó como lo contaba. Pocas veces en mi vida le he visto brillar tan intensamente los ojos a nadie como a aquel buen señor.

(Del libro Mujeres de Barcelona, editorial Incorpore)

chelito

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: