Archive for the ‘Libros’ Category

Por la igualdad

febrero 18, 2015

«Las mujeres seguimos estando casi ausentes [del lenguaje, de la mayoría de cuentos infantiles, de los libros de texto que se usan a cualquier edad escolar], a pesar de que hace ya 30 años que se están realizando estudios que lo confirman. […]

Tal vez el dato más curioso es que pasan las generaciones de niñas y niños por las aulas, leen los textos, y nadie ve nada extraño en ello: la “normalidad” es la ausencia de las mujeres, no su presencia. Ni que decir tiene que todo ello constituye un bucle perverso, en el que las niñas no encuentran referentes de mujeres en la vida pública, y todo las va conduciendo a que imaginen su propia vida en la invisibilidad y el ámbito privado. Incluso si tienen el proyecto de estudiar, llegar a tener una profesión y trabajar toda su vida fuera de casa: nada las prepara para pensar que alcanzarán algún tipo de notoriedad, puesto que de las mujeres notables bien poco hay escrito». (Marina Subirats, Forjar un hombre, moldear una mujer, Editorial Aresta, Barcelona, 2013)

Una barcelonesa notable merece ser recordada, con la excusa del texto de Marina Subirats, en este blog: Francesca Bonnemaison (1872-1949). Esta pionera en la lucha por la igualdad de los géneros era hija de un próspero comerciante barcelonés, era católica y militaba en el catalanismo conservador. No obstante, tenía claro que las mujeres de la clase obrera tenían el mismo derecho que las más acomodadas a acceder a la cultura y, a través del conocimiento, a un trabajo cualificado, en definitiva, a una existencia autónoma.

En 1909 creó la Biblioteca Popular per a la Dona, que prestaba libros a las mujeres sin medios con la intención de promover su ilustración. Tanto éxito tuvo su iniciativa que pronto la biblioteca se convirtió en un instituto junto a la Via Laietana que impartía a las mujeres clases subvencionadas de gramática, idiomas, cálculo mercantil, comercio, taquigrafía, fotografía, cocina, labores, danza, natación…

Al estallar la guerra civil, la institución fundada por Francesca ya tenía más de seis mil alumnas y varias sedes repartidas por toda Cataluña. En 1939 la sección femenina de la Falange se llevó por delante aquel proyecto emancipador, pero la semilla quedó plantada. Para ver el árbol que brotó de ella, no te pierdas una visita a la biblioteca pública Francesca Bonnemaison (calle Sant Pere Més Baix, 7). Comparte edificio con la Escola de la Dona, que ofrece cursos de moda, arte, cocina, lenguas, humanidades y nuevas tecnologías.

bonnem

Les dones del Cànem

noviembre 16, 2012

“[Al meu barri] teníem fàbriques. Moltes fàbriques. […] Amb les fàbriques també teníem criatures de nou, de deu anys, deformades, raquítiques, enllefernades, forçades a suportar jornals de dotze a catorze hores; dones embotornades, ventrudes, tenyides amb els colors de la fam, de la pudor, d’una misèria que les arrapava fins que morien als vint-i-cinc, als trenta anys, a tot estirar i amb sort als quaranta.

Entre els meus primers records hi ha aquestes dones i aquestes criatures. Exhalaven un tuf espès d’olis pesants, d’espart, de borra, de misèria. Com si no tinguessin edat, com si fossin bèsties de bast, energia a baix preu. […]

A les nou o les deu de la nit, aquelles dones i aquelles criatures sortien com un ramat de la cleda. Brutes, exhaustes, com somnàmbules. La majoria enfilava el camí de Pequín o de la Marbella, residències poètiques entre clavegueres, als sorrals de la platja, un carreró miserable, nauseabund, que en una banda tenia l’elevat terraplè de la vida del tren, i a l’altra, el mar, sense cap mena de defensa, i que en topar amb el desguàs de la xarxa de les clavegueres quedava abruptament tallat.” (Xavier Benguerel, El Poblenou)

Adiós

enero 14, 2011

“Las mejores pinturas de Ferrer Bassa, el Giotto catalán, están en las paredes del convento de Pedralbes, lugar de las piedras albas, en las alturas de Barcelona.

Allí vivían, apartadas del mundo, las monjas de clausura.

Era un viaje sin retorno: a sus espaldas se cerraba el portón, y se cerraba para nunca más abrirse. Sus familias habían pagado altas dotes, para que ellas merecieran la gloria de ser por siempre esposas de Cristo.

Dentro del convento, en la capilla de San Miguel, al pie de uno de los frescos de Ferrer Bassa, hay una frase que ha sobrevivido, como a escondidas, al paso de los siglos.

No se sabe quién la escribió.

Se sabe cuándo. Está fechada, 1426, en números romanos.

La frase casi no se nota. En letras góticas, pedía y pide todavía:

No m’oblidi

diga-li a Joan.

(Eduardo Galeano, Espejos, Siglo XXI)

Todos éramos verdugos

septiembre 28, 2010

“Poco o nada ha cambiado la calle Bòria, en Barcelona, aunque ahora se dedica a otros menesteres.

Durante buena parte de la Edad Media, éste fue uno de los escenarios europeos de la justicia convertida en espectáculo público.

El bufón y los músicos encabezaban la procesión. El condenado, o la condenada, salía de la cárcel a lomo de burro, desnudo o casi, y mientras iba recibiendo azotes era sometido a una lluvia de insultos, golpes, escupitajos, mierda, huevos podridos y otros homenajes de la multitud.

Los más entusiastas castigadores eran los más entusiastas pecadores.”

(Eduardo Galeano, Espejos, Siglo XXI)

¡Mil dólares por un plato de hommos!

junio 23, 2010

Cuenta Salah Jamal en su libro Aroma árabe que, en cierta ocasión, un príncipe saudita octogenario que paraba por Barcelona, harto de alimentarse con las mejores exquisiteces de la cocina española, que encontraba insulsas, le espetó a su asistente libanés: “¡Pagaría ahora mismo mil dólares por un plato de hommos y cebolla tierna!”. Aquel exabrupto de insatisfacción encendió inmediatamente en el libanés el instinto comercial de sus antepasados fenicios. Unos meses más tarde se inauguraba en la parte alta de Barcelona, cerca de cierta clínica oftalmológica de gran renombre, el primer restaurante árabe de la ciudad.

Han pasado más de tres décadas desde entonces y hoy ya no son sólo los turistas del golfo Pérsico quienes exigen regalarse el paladar con comida árabe. Raro es el barcelonés que no ha probado los guisos de Oriente Medio. Algunos afortunados exploradores, durante sus viajes. Otros muchos, en los restaurantes de nuestros barrios. Gràcia es probablemente el mejor lugar de Barcelona para los amantes de la gastronomía exótica. Sólo en la calle Verdi, por ejemplo, hay restaurantes de Siria, Líbano, Egipto, Palestina e Irak. Los precios son razonables (nada que ver con los de aquel primer local de lujo), al alcance de los bolsillos de la gente joven que frecuenta la zona.

Los ingredientes de la cocina árabe son muy parecidos a los de la cocina ibérica, pero están preparados con tanta sabiduría que los platos resultan exquisitos. No en vano, y pese a quien le pese, la civilización islámica, en esto del arte de los fogones, como en otras tantas cosas, le da unas cuantas vueltas a la nuestra.

La Barcelona de Orwell

mayo 25, 2010

[A finales de diciembre de 1936] los anarquistas seguían manteniendo el control virtual de Cataluña, y la revolución estaba aún en pleno apogeo. A quien se encontrara allí desde el comienzo probablemente le parecería, incluso en diciembre o en enero, que el período revolucionario estaba tocando a su fin; pero viniendo directamente de Inglaterra, el aspecto de Barcelona resultaba sorprendente e irresistible. Por primera vez en mi vida, me encontraba en una ciudad donde la clase trabajadora llevaba las riendas. Casi todos los edificios, cualquiera que fuera su tamaño, estaban en manos de los trabajadores y cubiertos con banderas rojas o con la bandera roja y negra de los anarquistas; las paredes ostentaban la hoz y el martillo y las iniciales de los partidos revolucionarios; casi todos los templos habían sido destruidos y sus imágenes, quemadas. Por todas partes, cuadrillas de obreros se dedicaban sistemáticamente a demoler iglesias. En toda tienda y en todo café se veían letreros que proclamaban su nueva condición de servicios socializados; hasta los limpiabotas habían sido colectivizados y sus cajas estaban pintadas de rojo y negro. Camareros y dependientes miraban al cliente cara a cara y lo trataban como a un igual. Las formas serviles e incluso ceremoniosas del lenguaje habían desaparecido. Nadie decía señor, o don y tampoco usted; todos se trataban de «camarada» y «tú», y decían ¡salud! en lugar de buenos días. La ley prohibía dar propinas desde la época de Primo de Rivera; tuve mi primera experiencia al recibir un sermón del gerente de un hotel por tratar de dársela a un ascensorista. No quedaban automóviles privados, pues habían sido requisados, y los tranvías y taxis, además de buena parte del transporte restante, ostentaban los colores rojo y negro. En todas partes había murales revolucionarios que lanzaban sus llamaradas en límpidos rojos y azules, frente a los cuales los pocos carteles de propaganda restantes semejaban manchas de barro. A lo largo de las Ramblas, la amplia arteria central de la ciudad constantemente transitada por una muchedumbre, los altavoces hacían sonar canciones revolucionarias durante todo el día y hasta muy avanzada la noche. El aspecto de la muchedumbre era lo que más extrañeza me causaba. Parecía una ciudad en la que las clases adineradas habían dejado de existir. Con la excepción de un escaso número de mujeres y de extranjeros, no había gente «bien vestida»; casi todo el mundo llevaba tosca ropa de trabajo, o bien monos azules o alguna variante del uniforme miliciano. Ello resultaba extraño y conmovedor. En todo esto había mucho que yo no comprendía y que, en cierto sentido, incluso no me gustaba, pero reconocí de inmediato la existencia de un estado de cosas por el que valía la pena luchar. Asimismo, creía que los hechos eran tales como parecían, que me hallaba en realidad en un Estado de trabajadores, y que la burguesía entera había huido, perecido o se había pasado por propia voluntad al bando de los obreros.” (George Orwell, Homenaje a Cataluña)

George Orwell (1903-1950), autor de Rebelión en la granja y 1984, llegó a España al final de 1936. Se contagió hasta tal punto del ambiente de revolución proletaria que percibió en la Barcelona roja que ingresó de inmediato en la milicia obrera, “porque en esa época y en esa atmósfera parecía ser la única actitud concebible”. Destinado al frente de Huesca como miembro de las milicias comunistas antiestalinistas del POUM (en la foto destaca por su altura al final de la formación), fue gravemente herido en el cuello. Finalmente, temiendo por su vida a raíz de la represión desencadenada por el gobierno de Juan Negrín contra el POUM, se vio obligado a huir de España en 1937.

Esta introducción es una excusa para recomendaros encarecidamente la lectura de Homenaje a Cataluña (1938). La fascinante descripción que uno de los escritores más agudos del siglo XX hace de la Barcelona de 1936-1937 resulta impagable. Esta gran obra cambiará para siempre vuestra visión de la ciudad (en particular la de ciertos lugares de la Rambla). Advertidos estáis.