Archive for the ‘Qué lástima’ Category

Las voces de la Barceloneta

junio 17, 2015

«A los vecinos hay que hacerlos desaparecer como sea.»

«Un model de barri que ens expulsa, als veïns.»

«Els canvis són tan ràpids que no tinc temps de digerir-los.»

Si quieres ponerles rostro, no te pierdas este interesante documental:

http://blogs.ccma.cat/senseficcio.php?itemid=55886&catid=1270

segunda

Sobre el nuevo DHUB

abril 6, 2015

“La puesta en marcha del Museo del Diseño de Barcelona, también calificado como Hub del Diseño, ha constituido un acontecimiento urbano de primer orden.

Un edificio emblemático en un lugar que también lo es, y de nombre rimbombante: la plaza de las Glorias Catalanas. Un museo que pretende ser un hito en la actividad museística de Barcelona. Baste decir que se han reunido en él los contenidos de cuatro colecciones que hasta ese momento se exponían de forma independiente, como el Museo Textil (y la Colección Rocamora), el Museo de la Cerámica, el Museo de Artes Decorativas y el Museo de Artes Gráficas.

La visita a ese complejo produce desazón, por muchos motivos. Ante todo por el diseño interno, del que se puede decir que es poco amable. Los que conocemos el centro comercial de las Arenas ya nos hemos acostumbrado a subir escaleras mecánicas diseñadas para dar emoción a los visitantes, con profundos vacíos a un lado y otro. Lo que aumenta la turbación y prepara a los visitantes para comprar en los pisos donde uno puede andar llano.

La escalera del Hub proporciona igualmente emoción a los visitantes. Una persona que subía por las escaleras y que daba resoplidos de miedo, cuando se repuso exclamó, tal vez por el recuerdo de las Arenas: «¡al menos será fácil reconvertir el edificio en un centro comercial!».

Sin duda, las escaleras preparan para visitar luego unas salas de exposición que a veces son algo oscuras; seguramente para proteger las colecciones, pero tal vez demasiado oscuras, y sin haber estudiado otras alternativas de iluminación. Los ámbitos de exposición están mal distribuidos, y son de visita molesta, y las colecciones parecen amontonadas.

No hay que negar que la idea de ese museo del diseño es buena, y puede producir orgullo a los barceloneses, que podrán pensar: hay que ver cuántas cosas bellas hemos sido capaces de diseñar.

Es verdad que los más cultos echan en falta algunos aspectos, como el diseño gráfico modernista y todo el del primer tercio del siglo XX, y otros que no podemos ahora señalar.

Sobre todo, lo que más se lamenta es que para realizar este Hub se hayan tenido que desmantelar varios museos que tenían una gran unidad en sí mismos, y donde las colecciones exhibidas adquirían mayor relieve y eran más comprensibles. Esos museos pequeños, situados en diferentes lugares de la ciudad, permitían exhibir las colecciones con mucha más vistosidad y calidad, a la vez que dotaban a diferentes espacios urbanos de elementos culturales de calidad. También se puede criticar la decisión del Foment de les Arts i del Disseny (creado como Foment de les Arts Decoratives, y cuyo cambio de nombre seguramente tiene que ver con la idea de creación de este edificio) de abandonar su sede del Convent dels Àngels, en el Raval, para trasladarse a este museo en la plaza de las Glorias.

Ahora las colecciones parecen empequeñecidas y apretadas, en espacios demasiado reducidos. Y si es cierto que se han reunido en este museo un total de 70.000 objetos, es evidente que una parte de ellos han de quedar almacenados. Al parecer, solo pueden exhibirse unos 2.000.

El edificio, conocido popularmente como la grapadora, no constituye un buen ejemplo arquitectónico para crear el espacio cívico de una plaza como las Glorias, convertida toda ella en un caos urbanístico. Es cierto que la bajada hacia la calle Badajoz está bien resuelta de forma escalonada, aunque quizás se podría haber aprovechado más intensivamente el espacio. No faltan, desde luego, los estanques y una especie de canales (tal vez un monumento al Rec Comtal), llenos de agua y ahora vacíos, seguramente por razones ambientales, concretamente el peligro de los mosquitos y el riesgo del dengue. El voladizo que da a la plaza de las Glorias fue diseñado pensando en la estructura del espacio en el momento de su creación, pero es poco adecuado como fachada para una plaza.

Con ocasión de la inauguración, una autoridad municipal declaró que el museo contribuirá a consolidar el polo cultural de las Glorias, constituido hasta ahora por el Auditorio, el Teatro Nacional y los Encants (!!!). Seguramente la cercanía de este último espacio «cultural» es un peligro para las colecciones que se almacenan en el Museu del Disseny.

Pero la sorpresa llega cuando se baja a la cafetería. Tantos siglos de diseño para crear un espacio público en el que el mostrador y las mesas estan construidas con maderas viejas de palets reciclados. Sin citar que los asientos son poco cómodos y que el ambiente es escasamente agradable, como todo el edificio. Tantos siglos de diseño para llegar a esto, nos muestra que vamos como los cangrejos, para atrás.”

Este es un artículo de Horacio Capel (geógrafo) titulado «El museo del diseño, para atrás como los cangrejos» y publicado en Carrer, nº 135, www.favb.cat

R.I.P.

octubre 30, 2014

Los almacenes El Indio (c/ Carme, 24) abrieron sus puertas en 1870, cuando Barcelona llegaba hasta la plaza de Catalunya y el Raval era un barrio industrial donde los obreros «convivían» con la burguesía. Su nombre evoca el origen exótico de sus productos, una garantía de calidad que se esperaba que atrajese a la clientela.

La decoración, modernista, data de los años veinte y no faltan en ella las cabezas de indios de las praderas, que entonces, como ahora, hacían soñar a muchas personas con aventuras en tierras indómitas por explorar.

La entrada, señorial, propia casi de un teatro de la ópera, nos habla de la categoría del establecimiento. Un amplio vestíbulo con grandes escaparates, que retira a un segundo plano la escalera de acceso a los pisos de la finca, da la bienvenida al visitante. Los muebles del interior, traídos en su día de Austria, no desmerecen el conjunto.

El Indio alcanzó su momento de máximo esplendor en los años previos a la proclamación de la Segunda República. En aquella época se enorgullecía de importar las mejores telas de París, publicaba un flamante catálogo, tanto de invierno como de primavera-verano, y ofrecía colecciones propias a las grandes señoras que venían a escoger sus vestidos. Hoy la oferta es algo más modesta, básicamente ropa para el hogar, pero el local mantiene su antiguo esplendor.

(De hecho, lo mantenía. Pasa a engrosar la lista de comercios emblemáticos cerrados en los últimos tiempos: la Estamperia del Pi, las camiserías Flotats, Bonet y Pons, la Casa de las Mantas, Joguines Monforte, las librerías Canuda y Catalònia, La Cava de los Faros, la Granja de Gavà, la joya modernista filatelia Monge, la cestería Casa Miranda, la sastrería Deulofeu… ¿Esta es la ciudad que queremos? Esta es la ciudad que nos merecemos.)

http://www.lavanguardia.com/participacion/20141023/54417410817/mapa-comercios-historicos-barcelona-cierre.html

elindio

Morir de éxito

junio 20, 2014

Según la web del proyecto, Bye Bye Barcelona es un documental acerca de una ciudad y su relación con el turismo, acerca de la difícil convivencia entre Barcelona, barceloneses, el turismo y los turistas. Es un documental que expone, de la mano de algunos de sus residentes,  los graves efectos que tiene el turismo masivo en la ciudad condal. Es un documental que pretende servir de contrapunto a la tan repetida idea de que con el turismo ganamos todos. Este es un documental sobre lo que perdemos.

A nadie se le escapa que el turismo es una fuente de ingreso enorme para Barcelona y para algunos de sus ciudadanos, que no tienen reparo en traer a cada vez más y más turistas sin pensar en las graves consecuencias que ello conlleva.  Se han perdido espacios emblemáticos de la ciudad en favor de un turismo masivo, que cada vez desgasta y ocupa más. A espacios perdidos como la Rambla, el Barri Gòtic o el Born, últimamente se le han unido la Barceloneta, Sagrada Familia y el Park Güell.

¿Realmente vale la pena perder todo esto?

http://www.youtube.com/watch?v=kdXcFChRpmI

http://www.youtube.com/watch?v=aOfaByqVohA

http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/otra-barcelona-era-posible-los-jjoo-1992-5505421

http://www.lavanguardia.com/vangdata/20160223/302378899718/prostitucion-mwc-mobile-world-congress.html

http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/telenoticies-migdia/debat-sobre-el-model-turistic-de-barcelona/video/5612812/

http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/sense-ficcio/la-ciutat-dels-turistes/video/5663250/

http://www.elcritic.cat/blogs/sergipicazo/2017/06/07/mcdonalds-i-airbnb-al-carmel

Qué orgullo de Barcelona

abril 22, 2014

«En este país nuestro tan civilizado, del que tomaré como muestra Barcelona, esta ciudad nuestra tan moderna, tan arquitectónicamente fotografiada, tan diseñadoramente difundida en todo el mundo, tan bendecida por el Papa en sus viajes gaudinianos, ocurren fenómenos de extorsión propios de épocas casi medievales en las que imperaban la crueldad y la explotación más salvajes. En esta ciudad cuyos representantes institucionales y culturales se llenan la boca, y las urnas, hablando de multiculturalidad, de mezcla de etnias, de convivencia de culturas y religiones distintas, hay ciudadanos que presumen de no bajar jamás más allá de la plaza de Cataluña, es decir, el centro, y no pisar Las Ramblas, ni Ciutat Vella ni el Raval (parte vieja), e incluso hay taxistas que arrugan el morro cuando se les pide que te dejen en esa zona (a decir verdad, ahora, con la crisis, se conforman con dirigir al cliente a donde sea). “No es por racismo, que conste; pero la gentuza que vive allí no va en taxi y, cuando la deje a usted, ¿quién me coge? Vaya usted alerta con el bolso. Ya veo que no lleva joyas, menos mal.” ¿Le digo la verdad, que las tres veces en que he sido objeto de atraco, el susto me lo he llevado en la parte alta de Barcelona, donde para el taxista debe de ser zona de ricos? Se lo digo, pero añado: “Supongo que es normal que, en la parte alta, con avenidas y calles por las que apenas pasa un alma, se atraque más que por aquí abajo, donde no cabe un alma.” “¿Almas aquí, señora? ¡Serán almas por bautizar! ¿No ve que sólo hay moros, negros y sudamericanos? Un cliente asiduo, que tiene pisos de propiedad por El Raval, me ha contado que si fueran cristianos no podrían vivir como viven.” Me mira por el espejo retrovisor. “¿Es usted rica?” Ojalá. “No tiene mucha pinta, con perdón, pero como me ha pillado en la Diagonal. Creí que era usted como el cliente del que le hablo, una persona pudiente con pisos alquilados, y que va usted a cobrar el alquiler… Él no va, por supuesto, es un alto ejecutivo.” ¿Inmobiliaria? “No, qué va. Él gana la pasta con la industria farmacéutica, que no falla, oiga, enfermos los hay siempre, a patadas. Gana pasta gansa […] e invierte en pisos. Medio Raval es suyo; eso sí, él no pone los pies en esas calles de mierda y pieles oscuras. Es un señor. Dos clientes más como él, y me jubilaría en poco tiempo. Un gran inversor.”

No sé qué entenderá el taxista por “gran inversor”. Sí sé de las inversiones llevadas a cabo por ciudadanos económicamente pudientes en El Raval y Ciutat Vella aprovechándose del problema de la vivienda en estas zonas. […] Esa gente compra […] pisitos y los alquila, claro. Pero no los alquila al uso tradicional. Generalmente, los alquilan a algún inmigrante con papeles, en situación legal, que se encarga de llenarles la casa […] con inmigrantes sin papeles. […] Con decenas de personas. Con una familia por habitación. Familias ilegales que no pueden protestar ni por las condiciones en las que viven, ni por los abusivos precios que les cobran. Porque “el señor” o “la señora” que “no baja más allá de la plaza de Cataluña” saca, por lo menos, cuatro o cinco mil euros al mes (de los que hay que restar la pequeña comisión que le entrega al inmigrante con papeles que hace de tapadera y figura como inquilino oficial de la vivienda) y en dinerillo negro. […]

El negocio da pie a situaciones de juzgado de guardia. Un profesor de instituto, un alma de Dios de las que ya van quedando pocas, me refería hace poco un hecho que le había impactado de veras hasta el extremo de acudir a varias asociaciones de carácter social y humanitario para intentar denunciarlo o, al menos, desahogarse. Profesor de un instituto cercano a Ciutat Vella, […] por su cuenta y riesgo, y a horas no docentes, ha organizado una pequeña biblioteca para sus alumnos, a quienes lleva al cine, al teatro, a los museos, a charlas, etc. Entre el grupo de alumnos que, voluntariamente, solían participar de estas actividades extraacadémicas, el profesor sentía especial interés por un chiquillo de doce años, de familia sudamericana, dotado de una inteligencia descollante y de una voluntad de aprendizaje inquebrantables. Al advertir que el chico llevaba dos semanas sin asistir a clase, y enterado de que estaba enfermo, el profesor decidió hacerle una visita y llevarle un par de libros para que se distrajera. Cuál no sería su sorpresa cuando, al llegar a la Rambla del Raval, […] divisó a lo lejos la figura de su alumno. El alma se le cayó a los pies: ¿otro engaño? […] Pero, al acercarse al chico, la sorpresa no se trocó en decepción sino en escándalo: el chico ardía debido a la fiebre. ¿Qué hacía, a media tarde, por la calle, pálido, ojeroso, sin apenas poder sostenerse en pie? “Sólo tenemos derecho a ocupar la habitación por la mañana; por la tarde la ocupa otra familia. Estoy haciendo tiempo a que me toque el turno”, explicó el muchacho.»

(Ana María Moix, Manifiesto personal, Ediciones B, 2011, págs. 200-207)

Barcelona, ciudad fallera

septiembre 19, 2013

sopena
Con demasiada frecuencia los de Barcelona exhibimos un insólito espíritu fallero a la hora de tratar el patrimonio heredado de quienes nos precedieron. Somos capaces de destruir edificios soberbios en un abrir y cerrar de ojos, preservando, eso sí, algún elemento que, cual ninot valenciano indultado, nos recuerde qué fantástico debió ser lo que acabó irremediablemente convertido en polvo. Es el caso, por ejemplo, de las chimeneas que uno se encuentra al caminar por el Raval, Sant Andreu, Gracia o el Poblenou, tristes vestigios de fábricas enormes en otro tiempo.

Un caso en concreto del que solo había oído hablar me ha llamado poderosamente la atención al verlo de frente. En una pared del interior de manzana dedicado a Maria Mercè Marçal se conserva, hecha picadillo, la fachada neorrenacentista de la antigua editorial Sopena, que tuvo su sede durante un siglo en la izquierda del Ensanche, concretamente en la calle Provença, entre Viladomat y Comte Borrell. Tras el cierre de la editorial en 1996, la edificación sucumbió bajo la piqueta, pese a las protestas de los vecinos, para ser sustituida por un flamante bloque de pisos.

El artista Jordi Gispert creó un mural en 2002 con los restos de la fachada de la editorial, esculturas, azulejos y baldosas. El resultado es notable, lo cual no impide que uno lo interprete como un conjunto de melancólicos huesos de lo que hoy podría seguir siendo un edificio bien vivo…

sopena