Archive for the ‘Rincones’ Category

La reina del Paralelo

febrero 15, 2016

Qué lejos quedan aquellos tiempos, allá por las primeras décadas del siglo xx, en que el Paralelo era la gran arteria del ocio nocturno de las clases populares de Barcelona, un animado universo de tabernas, teatros, cafés cantantes y music-halls que trataban de recrear la bohemia nocturna de París y que convivían con un submundo poblado por marineros, anarquistas, prostitutas, travestís, chulos, chaperos, cocainómanos, carteristas, pordioseros y buscavidas de todo pelaje.

De aquella época en que en el Montmartre barcelonés las músicas más alegres convivían con la más sórdida de las miserias quedan unos pocos vestigios, como los teatros Arnau, Apolo y El Molino (versión local del Moulin Rouge parisiense), y una estatua de la cupletista Raquel Meller junto al Arnau que la vio triunfar. La Meller fue la reina del cuplé romántico y sentimental desde su debut en 1911, y merece la pena pararse a observarla convertida en efigie de bronce mientras canta La violetera que la hizo célebre.

Pocos años antes, otra reina del Paralelo había hecho furor entre el público masculino, solteros, casados y viudos, gracias a la pulga que implacablemente, noche tras noche, se cebaba en sus blancas carnes: «Tengo una pulga dentro de la camisa / que salta y corre y loca se desliza; / por eso quiero poderla encontrar / y, si la cojo, la tengo que matar»: Consuelo Portela, la Bella Chelito, que se presentó en 1903, siendo una adolescente, en el teatro Onofri.

Este animalejo tan inoportuno había atacado a otras vedettes antes que a la Chelito, pero ella gastaba más arte que nadie a la hora de perseguirla. «Míreme bien, caballero, ¿la ve, usted?», preguntaba candorosamente, con su cara de niñita buena, mientras se bajaba el deshabillé para mostrar, visto y no visto, un pecho. El caballero enloquecía sin remedio, y con él todos los del teatro, que estallaban en aplausos y aullidos de «¡El otro, el otro!».

Tales admiradores solían aguardarla en la calle, tras la función, para regalarle flores y perfumes, entregarle cartas de amor y hasta pedirla en matrimonio. Su madre, doña Antonia, una mujer de armas tomar que no la dejaba ni a sol ni a sombra, no solía tener problemas para espantarle a los moscones, si bien es cierto que en más de una ocasión el ímpetu de semejantes jaurías obligó a la Guardia Civil a desenvainar los sables.

Para desgracia de sus admiradores de toda España y de Cuba, donde había nacido por azar cuando la isla era aún una colonia, la Chelito decidió retirarse en 1928. Con la fortuna ahorrada «con el sudor de mi cuerpo y la sabia administración de mi madre», como declaró en una entrevista, compró el teatro Chantecler de la plaza del Carmen de Madrid, el mismo que con el correr del tiempo se llamaría teatro Muñoz Seca. Se convirtió en empresaria teatral, renegó de las variedades, se hizo de misa diaria y se dedicó a su familia. Atrás quedaban los tiempos en que cierta prensa había atacado su pretendida indecencia y la había comparado con el diablo.

Pero ya se sabe que a rey muerto, otro en su puesto. Tan pronto como la Chelito desapareció de escena le salieron imitadoras en esto del cuplé golfo, erótico o sicalíptico (del griego sykon, ‘vulva’, y aleiptikós, ‘refregamiento’, ni más ni menos). Algunas, en ocasiones antiguas prostitutas que habían tomado clases de canto para cambiar la calle por el escenario, estaban dispuestas a despojarse de lo que hiciera falta con tal de echarle mano a la pulguita.

Recuerdo haber visto en la televisión local de Barcelona un reportaje sobre la vida nocturna de los años de la República. Un ancianito explicaba que, siendo un niño, se había colado en un teatro para contemplar el espectáculo por un agujero. Una de las artistas, quitándose estorbo tras estorbo en pos del bichito, se había quedado en cueros vivos. No le hizo falta jurar que aquello pasó como lo contaba. Pocas veces en mi vida le he visto brillar tan intensamente los ojos a nadie como a aquel buen señor.

(Del libro bilingüe Mujeres de Barcelona, Femmes de Barcelone)

chelito

Las voces de la Barceloneta

junio 17, 2015

«A los vecinos hay que hacerlos desaparecer como sea.»

«Un model de barri que ens expulsa, als veïns.»

«Els canvis són tan ràpids que no tinc temps de digerir-los.»

Si quieres ponerles rostro, no te pierdas este interesante documental:

http://blogs.ccma.cat/senseficcio.php?itemid=55886&catid=1270

segunda

Por la igualdad

febrero 18, 2015

«Las mujeres seguimos estando casi ausentes [del lenguaje, de la mayoría de cuentos infantiles, de los libros de texto que se usan a cualquier edad escolar], a pesar de que hace ya 30 años que se están realizando estudios que lo confirman. […]

Tal vez el dato más curioso es que pasan las generaciones de niñas y niños por las aulas, leen los textos, y nadie ve nada extraño en ello: la “normalidad” es la ausencia de las mujeres, no su presencia. Ni que decir tiene que todo ello constituye un bucle perverso, en el que las niñas no encuentran referentes de mujeres en la vida pública, y todo las va conduciendo a que imaginen su propia vida en la invisibilidad y el ámbito privado. Incluso si tienen el proyecto de estudiar, llegar a tener una profesión y trabajar toda su vida fuera de casa: nada las prepara para pensar que alcanzarán algún tipo de notoriedad, puesto que de las mujeres notables bien poco hay escrito». (Marina Subirats, Forjar un hombre, moldear una mujer, Editorial Aresta, Barcelona, 2013)

Una barcelonesa notable merece ser recordada, con la excusa del texto de Marina Subirats, en este blog: Francesca Bonnemaison (1872-1949). Esta pionera en la lucha por la igualdad de los géneros era hija de un próspero comerciante barcelonés, era católica y militaba en el catalanismo conservador. No obstante, tenía claro que las mujeres de la clase obrera tenían el mismo derecho que las más acomodadas a acceder a la cultura y, a través del conocimiento, a un trabajo cualificado, en definitiva, a una existencia autónoma.

En 1909 creó la Biblioteca Popular per a la Dona, que prestaba libros a las mujeres sin medios con la intención de promover su ilustración. Tanto éxito tuvo su iniciativa que pronto la biblioteca se convirtió en un instituto junto a la Via Laietana que impartía a las mujeres clases subvencionadas de gramática, idiomas, cálculo mercantil, comercio, taquigrafía, fotografía, cocina, labores, danza, natación…

Al estallar la guerra civil, la institución fundada por Francesca ya tenía más de seis mil alumnas y varias sedes repartidas por toda Cataluña. En 1939 la sección femenina de la Falange se llevó por delante aquel proyecto emancipador, pero la semilla quedó plantada. Para ver el árbol que brotó de ella, no te pierdas una visita a la biblioteca pública Francesca Bonnemaison (calle Sant Pere Més Baix, 7). Comparte edificio con la Escola de la Dona, que ofrece cursos de moda, arte, cocina, lenguas, humanidades y nuevas tecnologías.

bonnem

Tumbas de gente humilde

enero 7, 2014

Durante más de tres siglos, en lo que hoy es la plaza de la Vila de Madrid hubo un convento de carmelitas descalzas. En la guerra civil (1936-1939) esta parte de la ciudad resultó afectada por los bombardeos aéreos y, acabado el conflicto, hubo de ser profundamente remodelada. En 1954, mientras se trabajaba en los cimientos de un edificio, fue localizada una necrópolis romana y salieron a la luz más de ochenta enterramientos de los siglos I a III d. de C.
Los romanos enterraban a sus difuntos fuera de las ciudades, por razones higiénicas, y a lo largo de los caminos, a la vista de todos, pues no soportaban la idea de desaparecer del recuerdo de las gentes. Los más ricos escogían panteones esplendorosos en vías principales, cerca de los muros de la ciudad. Los más pobres habían de conformarse con caminos secundarios y con tumbas marcadas con un sencillo hito exterior, cuando no con fosas comunes.
La vía sepulcral romana seguía uno de esos caminos de segunda en dirección a la puerta de Barcino que estuvo donde hoy se juntan las calles Boqueria y Banys Nous. Como los inquilinos de las tumbas eran de clase humilde, no se hallaron mármoles ni esculturas. Destacan las cupas, que están hechas de piedra o de ladrillo y mortero, en forma de medio barril de vino. En las inscripciones hallamos nombres (como el de un tal Eroticus), profesiones (hay una nodriza, por ejemplo) y exhortaciones a los transeúntes (“Hola, caminante, párate y lee hasta el final”).
Junto a la necrópolis se puede visitar un pequeño museo que exhibe restos hallados en las tumbas: botellitas de vidrio para recoger las lágrimas derramadas en los funerales, restos de comida de los banquetes mortuorios, huesos de animales que acompañaron a sus amos al inframundo y otras curiosidades que seguro que os llaman la atención.

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Barcelona, ciudad fallera

septiembre 19, 2013

sopena
Con demasiada frecuencia los de Barcelona exhibimos un insólito espíritu fallero a la hora de tratar el patrimonio heredado de quienes nos precedieron. Somos capaces de destruir edificios soberbios en un abrir y cerrar de ojos, preservando, eso sí, algún elemento que, cual ninot valenciano indultado, nos recuerde qué fantástico debió ser lo que acabó irremediablemente convertido en polvo. Es el caso, por ejemplo, de las chimeneas que uno se encuentra al caminar por el Raval, Sant Andreu, Gracia o el Poblenou, tristes vestigios de fábricas enormes en otro tiempo.

Un caso en concreto del que solo había oído hablar me ha llamado poderosamente la atención al verlo de frente. En una pared del interior de manzana dedicado a Maria Mercè Marçal se conserva, hecha picadillo, la fachada neorrenacentista de la antigua editorial Sopena, que tuvo su sede durante un siglo en la izquierda del Ensanche, concretamente en la calle Provença, entre Viladomat y Comte Borrell. Tras el cierre de la editorial en 1996, la edificación sucumbió bajo la piqueta, pese a las protestas de los vecinos, para ser sustituida por un flamante bloque de pisos.

El artista Jordi Gispert creó un mural en 2002 con los restos de la fachada de la editorial, esculturas, azulejos y baldosas. El resultado es notable, lo cual no impide que uno lo interprete como un conjunto de melancólicos huesos de lo que hoy podría seguir siendo un edificio bien vivo…

sopena

La Tamarita

agosto 8, 2011

La familia barcelonesa de los Craywinckel, de origen belga, vendió a principios del siglo XX su finca La Tamarita (paseo de Sant Gervasi, 49) a Alfred Mata, un rico industrial algodonero. Mata construyó su mansión allí y encargó al arquitecto y paisajista Nicolau Maria Rubió i Tudurí embellecer los jardines. Durante la guerra civil, el caserón se convirtió en una checa de la policía política soviética. Muchos republicanos antiestalinistas sufrieron prisión y torturas en ella. Por cierto, ya que hablamos de la guerra, no muy lejos, en la torre del Doctor Andreu, que fue la sede del consulado soviético de 1936 a 1939, se conserva un amplio refugio antiaéreo de hormigón armado, pensado para soportar situaciones de aislamiento prolongado.

Hoy la casa de Mata es la sede de la Fundación Blanquerna. Los jardines forman parte de un bello y amplio parque público, adornado con estatuas, fuentes, una cascada y un invernadero. Nada más entrar hay un estanque flanqueado por dos leones durmientes. En la plaza de los Cuatro Continentes hay esculturas alegóricas que representan Europa, África, Asia y América. En fin, un lugar de visita obligada para todo aquel que se acerque a esta parte de Barcelona, camino tal vez del Tibidabo o de CosmoCaixa.

Diputació con Roger de Llúria

julio 18, 2011

Este es el lugar de Barcelona en el que, ahora hace 75 años, Agustí Centelles tomó la fotografía que daría la vuelta al mundo como símbolo de la lucha de la República contra los militares sublevados. El guardia de asalto descamisado se llamaba Mariano Vitini. Dejemos que sus descendientes nos cuenten su historia: clic.

Las Arenas, 1919-2011

octubre 28, 2010

A principios del siglo XX, la Barcelona Traction, Light and Power (popularmente conocida como La Canadenca porque se había constituido en Toronto en 1911) era la principal compañía de producción eléctrica de Cataluña. Corrían tiempos de gran agitación política y social. El 12 de febrero de 1919, sin ir más lejos, estalló en La Canadenca una huelga muy dura, promovida por la CNT, que dejó a oscuras Barcelona y se extendió como un fuego bien aventado hasta paralizar la mayor parte de la industria catalana. Tras muchos días de negociaciones, los dirigentes sindicales consiguieron que el gobierno de Romanones se comprometiera a liberar a los tres mil obreros que había encarcelado y a decretar la jornada laboral de ocho horas, y que la empresa ofreciese readmitir a todos los huelguistas despedidos y subirles el salario. Algunos radicales, no obstante, pretendían continuar la movilización hasta desencadenar una revolución proletaria. Fue el secretario general de la CNT de Cataluña, Salvador Seguí (1886-1923), quien, el 19 de marzo, durante un mitin en la plaza de toros de Las Arenas, logró que se aceptasen los acuerdos con un memorable discurso que fue seguido por más de veinte mil obreros en un silencio sepulcral.

Los tiempos cambian. Se anuncia ahora que pronto abrirá sus puertas en la antigua plaza el centro comercial Les Arenes, un auténtico edén de bienestar que tendrá 126 tiendas, 12 salas de cine, un gimnasio con piscina, ocho restaurantes, el Museo del Rock, un espacio multiusos, oficinas y parking. Será en marzo de 2011, coincidiendo con el 92 aniversario de la aprobación de la jornada de ocho horas.

Modernismo de segunda

octubre 23, 2010

A Josep Maria Jujol (1879-1949) a menudo le tocó hacer de corista en obras donde los grandes del modernismo ejercían de vedettes. El hecho de haber trabajado a las órdenes de Gaudí, sin ir más lejos, le convierte a ojos de mucha gente en un arquitecto menor. No tiene esta opinión, por ejemplo, el actor John Malkovich, quien, paseando una vez por Barcelona, se quedó con la boca abierta al darse de bruces con la jujoliana Casa Planells. Desde entonces, Malkovich proclama a los cuatro vientos que esta casa es la más bella del mundo.

La Casa Planells está en el número 332 de la avenida Diagonal. Alzada en 1924, se la considera el último edificio modernista de Barcelona. Es un inmueble de vecinos pequeño y esquinero, pero que llama la atención de los amantes de la arquitectura por su genial simplicidad. “¿Arquitecto menor?”, te preguntarás rascándote la barbilla la próxima vez que te pares en la Diagonal, esquina con Sicília, lado de montaña (para más señas). “¡Y un cuerno!”

La arcada del acueducto

octubre 1, 2010

A diferencia de los cristianos de la edad media, que se duchaban siempre que una tormenta los sorprendía al raso, los romanos eran grandes amantes de la higiene. Ni a los mismísimos esclavos, considerados meros objetos parlantes, se les negaba el derecho a acudir a los baños públicos. Así, se entiende bien que jamás fundasen una ciudad sin garantizar antes el modo de proveerla de agua en abundancia. Las aguas del Besòs y de las fuentes de Collserola corrían hacia Barcino por dos acueductos magníficos. Confluyendo hacia la puerta noroeste de la ciudad por las actuales calles dels Arcs y dels Capellans, ambos acueductos se unían en la plaça Nova antes de verter sus aguas en los depósitos que abastecían a fuentes, casas y termas.

Hace ya algunos años, unos edificios de la calle Duran i Bas fueron derruidos. Se dice que un señor aficionado a documentar con su cámara fotográfica los cambios urbanísticos del casco viejo observó algo raro con su ojo avezado. Ciertos restos que acababan de ver la luz tenían aspecto de ser muy antiguos. Por fortuna dio la voz. Despertaban de las tinieblas de la historia los pilares y los arcos de uno de los acueductos de Barcino.

(Este post es un homenaje a los que circulan por la ciudad poco a poco, atentos al aquí y ahora, sin perderse ni un detalle, sonriendo, silbando, observando los edificios, los jardines, las tiendas, a la gente, a los niños, a las mascotas… Resultan mucho más simpáticos que quienes van siempre acelerados, centrados en sí mismos, lamentándose de los problemas que ellos se buscan, contagiando malas vibraciones a diestro y siniestro, girando enloquecidamente como peonzas que se hubieran dado impulso a sí mismas con la fuerza de un atlante. A los primeros, como mínimo, los amantes de la historia les debemos un acueducto. Clic)