Morir de éxito

junio 20, 2014

Según la web del proyecto, Bye Bye Barcelona es un documental acerca de una ciudad y su relación con el turismo, acerca de la difícil convivencia entre Barcelona, barceloneses, el turismo y los turistas. Es un documental que expone, de la mano de algunos de sus residentes,  los graves efectos que tiene el turismo masivo en la ciudad condal. Es un documental que pretende servir de contrapunto a la tan repetida idea de que con el turismo ganamos todos. Este es un documental sobre lo que perdemos.

A nadie se le escapa que el turismo es una fuente de ingreso enorme para Barcelona y para algunos de sus ciudadanos, que no tienen reparo en traer a cada vez más y más turistas sin pensar en las graves consecuencias que ello conlleva.  Se han perdido espacios emblemáticos de la ciudad en favor de un turismo masivo, que cada vez desgasta y ocupa más. A espacios perdidos como la Rambla, el Barri Gòtic o el Born, últimamente se le han unido la Barceloneta, Sagrada Familia y el Park Güell.

¿Realmente vale la pena perder todo esto?

http://www.youtube.com/watch?v=kdXcFChRpmI

http://www.youtube.com/watch?v=aOfaByqVohA

http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/otra-barcelona-era-posible-los-jjoo-1992-5505421

http://www.lavanguardia.com/vangdata/20160223/302378899718/prostitucion-mwc-mobile-world-congress.html

http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/telenoticies-migdia/debat-sobre-el-model-turistic-de-barcelona/video/5612812/

Qué orgullo de Barcelona

abril 22, 2014

«En este país nuestro tan civilizado, del que tomaré como muestra Barcelona, esta ciudad nuestra tan moderna, tan arquitectónicamente fotografiada, tan diseñadoramente difundida en todo el mundo, tan bendecida por el Papa en sus viajes gaudinianos, ocurren fenómenos de extorsión propios de épocas casi medievales en las que imperaban la crueldad y la explotación más salvajes. En esta ciudad cuyos representantes institucionales y culturales se llenan la boca, y las urnas, hablando de multiculturalidad, de mezcla de etnias, de convivencia de culturas y religiones distintas, hay ciudadanos que presumen de no bajar jamás más allá de la plaza de Cataluña, es decir, el centro, y no pisar Las Ramblas, ni Ciutat Vella ni el Raval (parte vieja), e incluso hay taxistas que arrugan el morro cuando se les pide que te dejen en esa zona (a decir verdad, ahora, con la crisis, se conforman con dirigir al cliente a donde sea). “No es por racismo, que conste; pero la gentuza que vive allí no va en taxi y, cuando la deje a usted, ¿quién me coge? Vaya usted alerta con el bolso. Ya veo que no lleva joyas, menos mal.” ¿Le digo la verdad, que las tres veces en que he sido objeto de atraco, el susto me lo he llevado en la parte alta de Barcelona, donde para el taxista debe de ser zona de ricos? Se lo digo, pero añado: “Supongo que es normal que, en la parte alta, con avenidas y calles por las que apenas pasa un alma, se atraque más que por aquí abajo, donde no cabe un alma.” “¿Almas aquí, señora? ¡Serán almas por bautizar! ¿No ve que sólo hay moros, negros y sudamericanos? Un cliente asiduo, que tiene pisos de propiedad por El Raval, me ha contado que si fueran cristianos no podrían vivir como viven.” Me mira por el espejo retrovisor. “¿Es usted rica?” Ojalá. “No tiene mucha pinta, con perdón, pero como me ha pillado en la Diagonal. Creí que era usted como el cliente del que le hablo, una persona pudiente con pisos alquilados, y que va usted a cobrar el alquiler… Él no va, por supuesto, es un alto ejecutivo.” ¿Inmobiliaria? “No, qué va. Él gana la pasta con la industria farmacéutica, que no falla, oiga, enfermos los hay siempre, a patadas. Gana pasta gansa […] e invierte en pisos. Medio Raval es suyo; eso sí, él no pone los pies en esas calles de mierda y pieles oscuras. Es un señor. Dos clientes más como él, y me jubilaría en poco tiempo. Un gran inversor.”

No sé qué entenderá el taxista por “gran inversor”. Sí sé de las inversiones llevadas a cabo por ciudadanos económicamente pudientes en El Raval y Ciutat Vella aprovechándose del problema de la vivienda en estas zonas. […] Esa gente compra […] pisitos y los alquila, claro. Pero no los alquila al uso tradicional. Generalmente, los alquilan a algún inmigrante con papeles, en situación legal, que se encarga de llenarles la casa […] con inmigrantes sin papeles. […] Con decenas de personas. Con una familia por habitación. Familias ilegales que no pueden protestar ni por las condiciones en las que viven, ni por los abusivos precios que les cobran. Porque “el señor” o “la señora” que “no baja más allá de la plaza de Cataluña” saca, por lo menos, cuatro o cinco mil euros al mes (de los que hay que restar la pequeña comisión que le entrega al inmigrante con papeles que hace de tapadera y figura como inquilino oficial de la vivienda) y en dinerillo negro. […]

El negocio da pie a situaciones de juzgado de guardia. Un profesor de instituto, un alma de Dios de las que ya van quedando pocas, me refería hace poco un hecho que le había impactado de veras hasta el extremo de acudir a varias asociaciones de carácter social y humanitario para intentar denunciarlo o, al menos, desahogarse. Profesor de un instituto cercano a Ciutat Vella, […] por su cuenta y riesgo, y a horas no docentes, ha organizado una pequeña biblioteca para sus alumnos, a quienes lleva al cine, al teatro, a los museos, a charlas, etc. Entre el grupo de alumnos que, voluntariamente, solían participar de estas actividades extraacadémicas, el profesor sentía especial interés por un chiquillo de doce años, de familia sudamericana, dotado de una inteligencia descollante y de una voluntad de aprendizaje inquebrantables. Al advertir que el chico llevaba dos semanas sin asistir a clase, y enterado de que estaba enfermo, el profesor decidió hacerle una visita y llevarle un par de libros para que se distrajera. Cuál no sería su sorpresa cuando, al llegar a la Rambla del Raval, […] divisó a lo lejos la figura de su alumno. El alma se le cayó a los pies: ¿otro engaño? […] Pero, al acercarse al chico, la sorpresa no se trocó en decepción sino en escándalo: el chico ardía debido a la fiebre. ¿Qué hacía, a media tarde, por la calle, pálido, ojeroso, sin apenas poder sostenerse en pie? “Sólo tenemos derecho a ocupar la habitación por la mañana; por la tarde la ocupa otra familia. Estoy haciendo tiempo a que me toque el turno”, explicó el muchacho.»

(Ana María Moix, Manifiesto personal, Ediciones B, 2011, págs. 200-207)

Tumbas de gente humilde

enero 7, 2014

Durante más de tres siglos, en lo que hoy es la plaza de la Vila de Madrid hubo un convento de carmelitas descalzas. En la guerra civil (1936-1939) esta parte de la ciudad resultó afectada por los bombardeos aéreos y, acabado el conflicto, hubo de ser profundamente remodelada. En 1954, mientras se trabajaba en los cimientos de un edificio, fue localizada una necrópolis romana y salieron a la luz más de ochenta enterramientos de los siglos I a III d. de C.
Los romanos enterraban a sus difuntos fuera de las ciudades, por razones higiénicas, y a lo largo de los caminos, a la vista de todos, pues no soportaban la idea de desaparecer del recuerdo de las gentes. Los más ricos escogían panteones esplendorosos en vías principales, cerca de los muros de la ciudad. Los más pobres habían de conformarse con caminos secundarios y con tumbas marcadas con un sencillo hito exterior, cuando no con fosas comunes.
La vía sepulcral romana seguía uno de esos caminos de segunda en dirección a la puerta de Barcino que estuvo donde hoy se juntan las calles Boqueria y Banys Nous. Como los inquilinos de las tumbas eran de clase humilde, no se hallaron mármoles ni esculturas. Destacan las cupas, que están hechas de piedra o de ladrillo y mortero, en forma de medio barril de vino. En las inscripciones hallamos nombres (como el de un tal Eroticus), profesiones (hay una nodriza, por ejemplo) y exhortaciones a los transeúntes (“Hola, caminante, párate y lee hasta el final”).
Junto a la necrópolis se puede visitar un pequeño museo que exhibe restos hallados en las tumbas: botellitas de vidrio para recoger las lágrimas derramadas en los funerales, restos de comida de los banquetes mortuorios, huesos de animales que acompañaron a sus amos al inframundo y otras curiosidades que seguro que os llaman la atención.

tumbas

Lo mejor de Barcelona

diciembre 19, 2013

Ahora que, «gracias» a la crisis, Barcelona se está convirtiendo en una ciudad cada vez más solidaria y con más iniciativas de economía alternativa, me permito salirme del guion por una vez para invitaros a echar un ojo a las páginas web de unas cuantas empresas y ONG que trabajan por la justicia social:

—Consumo de proximidad: Coopmercat + 2147 mans + Xarxa de Consum
—Canguros y servicio doméstico: Anem per Feina
—Muebles con valor añadido: L’Estoc
—Reutilizar trastos: Reutil
—Gestión de residuos: Femarec
—Recogida de chatarra y ropa vieja: Alencop + Engrunes
—Huevos y yogures: La KloscaLa Fageda
—La vuelta al mundo en 80 cocinas: Impulsem + Mescladís
—Tejidos solidarios: Dona Kolors + Surt
—Alojamiento (Albergue Inout) y menú solidario (Menja Futur) + catering ecológico (Fundació Futur)
—Donar material de oficina: Banc de Recursos
—Intercambiar conocimientos o buscar dónde hacer de voluntari@: guía de XIC + Hacesfalta.org.

xala

Barcelona, ciudad fallera

septiembre 19, 2013

sopena
Con demasiada frecuencia los de Barcelona exhibimos un insólito espíritu fallero a la hora de tratar el patrimonio heredado de quienes nos precedieron. Somos capaces de destruir edificios soberbios en un abrir y cerrar de ojos, preservando, eso sí, algún elemento que, cual ninot valenciano indultado, nos recuerde qué fantástico debió ser lo que acabó irremediablemente convertido en polvo. Es el caso, por ejemplo, de las chimeneas que uno se encuentra al caminar por el Raval, Sant Andreu, Gracia o el Poblenou, tristes vestigios de fábricas enormes en otro tiempo.

Un caso en concreto del que solo había oído hablar me ha llamado poderosamente la atención al verlo de frente. En una pared del interior de manzana dedicado a Maria Mercè Marçal se conserva, hecha picadillo, la fachada neorrenacentista de la antigua editorial Sopena, que tuvo su sede durante un siglo en la izquierda del Ensanche, concretamente en la calle Provença, entre Viladomat y Comte Borrell. Tras el cierre de la editorial en 1996, la edificación sucumbió bajo la piqueta, pese a las protestas de los vecinos, para ser sustituida por un flamante bloque de pisos.

El artista Jordi Gispert creó un mural en 2002 con los restos de la fachada de la editorial, esculturas, azulejos y baldosas. El resultado es notable, lo cual no impide que uno lo interprete como un conjunto de melancólicos huesos de lo que hoy podría seguir siendo un edificio bien vivo…

sopena

Les dones del Cànem

noviembre 16, 2012

“[Al meu barri] teníem fàbriques. Moltes fàbriques. […] Amb les fàbriques també teníem criatures de nou, de deu anys, deformades, raquítiques, enllefernades, forçades a suportar jornals de dotze a catorze hores; dones embotornades, ventrudes, tenyides amb els colors de la fam, de la pudor, d’una misèria que les arrapava fins que morien als vint-i-cinc, als trenta anys, a tot estirar i amb sort als quaranta.

Entre els meus primers records hi ha aquestes dones i aquestes criatures. Exhalaven un tuf espès d’olis pesants, d’espart, de borra, de misèria. Com si no tinguessin edat, com si fossin bèsties de bast, energia a baix preu. […]

A les nou o les deu de la nit, aquelles dones i aquelles criatures sortien com un ramat de la cleda. Brutes, exhaustes, com somnàmbules. La majoria enfilava el camí de Pequín o de la Marbella, residències poètiques entre clavegueres, als sorrals de la platja, un carreró miserable, nauseabund, que en una banda tenia l’elevat terraplè de la vida del tren, i a l’altra, el mar, sense cap mena de defensa, i que en topar amb el desguàs de la xarxa de les clavegueres quedava abruptament tallat.” (Xavier Benguerel, El Poblenou)

Recorrido por el Poblenou

julio 18, 2012

Este recorrido parte de Can Ricart y, tras atravesar la Diagonal, recorre el Poblenou más antiguo hasta la plaza Prim

El Poblenou es un barrio agradable que simboliza, quizá como ningún otro, lo mejor y lo peor de la profunda transformación que ha experimentado la ciudad en los últimos años.

Una Barcelona que, en un contexto mundial de globalización, se ha abierto al mundo, se ha convertido en destino de grandes inversiones, ha celebrado fastuosos eventos, ha alzado edificios emblemáticos y ha recibido a millones de visitantes extranjeros. Una Barcelona que a la vez, y como efecto de todo lo anterior, ha perdido a marchas forzadas una parte de la esencia entrañable que todavía recuerdan quienes la conocieron antes de 1992. El lema que en su día proclamaron muchos poblenovins, “No volem canviar de barri”, da que pensar sobre cuán difíciles de asimilar han resultado en ocasiones cambios tan vertiginosos.

Hablar del pasado del Poblenou equivale a evocar la industrialización del siglo XIX. Si Cataluña fue considerada entonces por su dinamismo la “locomotora de España”, del Poblenou se dijo que era “la Manchester catalana”. La disponibilidad de terrenos y agua y la relativa proximidad a Barcelona facilitaron que, desde principios del XIX, se instalasen aquí muchas fábricas textiles, alimentarias, metalúrgicas… Hoy poco queda ya de aquel paisaje plagado de chimeneas, que ha dado paso a áreas residenciales de nueva planta (como la Vila Olímpica o Diagonal Mar) y al distrito tecnológico 22@.

Este itinerario comienza en Can Ricart (TRAM T4, Pere IV), uno de los puntos emblemáticos del Poblenou industrial. Empezado a construir en 1852, este complejo industrial de 21.000 metros cuadrados se dedicó durante décadas a la confección de tejidos. Una vez extinguida su actividad, la plataforma vecinal “Salvem Can Ricart” se movilizó con la intención de preservar íntegramente el recinto. Finalmente, en abril de 2008, la Generalitat de Catalunya zanjó la polémica entre vecinos, propietarios y gobierno municipal al declararlo bien cultural de interés nacional y disponer qué partes se habían de conservar (un 70% de lo que reclamaban los vecinos). Can Ricart ofreció durante años un aspecto desolador, hasta que en 2015 empezó a transformarse en el Parc de les Humanitats i les Ciències Socials de la UB.

Junto a Can Ricart se encuentra el parque del Centre del Poblenou, un espacio verde de más de 55.000 metros cuadrados (lo cual es noticia en una ciudad donde tanto abundan las “plazas duras”, también llamadas zones merdes por algunos ciudadanos con mucha guasa). Este parque es obra de Jean Nouvel, el arquitecto de la Torre Agbar, y fue inaugurado en abril de 2008. Quizá lo que más destaca en él es el pozo del mundo, un cráter donde se puede entrar en contacto con otras partes del planeta gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación.

Para dirigirnos hacia el meollo del Poblenou hay que atravesar la Diagonal, que en este tramo final une la plaza de las Glòries con el mar. Ya que estamos aquí, conviene recordar que en la plaza de las Glòries, donde hoy se encuentra un conocido centro comercial, hubo otra de las grandes industrias del Poblenou, la Hispano Olivetti, que cerró en 1987, cuando las máquinas de escribir empezaban a convertirse en antiguallas de museo.

En el otro extremo, junto a la playa, donde en 2004 se levantó el recinto del Fórum de las Culturas (además de un centro comercial más), descansa la memoria de los fusilados del camp de la Bota, triste rincón que encarna lo peor de nuestras luchas cainitas del pasado. Unas 1.700 personas fueron fusiladas allí entre 1939 y 1952.

Tras pasar ante una imponente mole acristalada de 37 plantas, obra de Dominique Perrault (otro hotel de lujo y un arquitecto estrella más), tomamos la calle Bilbao, a la izquierda, y, a continuación, el camí antic de València, a la derecha.

Enseguida llegaremos a Can Felipa (Pallars, 277), donde ya empieza a respirarse el “sabor de barrio” al que cantó el Gato Pérez. Can Felipa fue una fábrica textil que cerró en 1978. Restaurado en 1991 por el arquitecto Josep Lluís Mateo, este edificio con aire de castillo francés alberga hoy un club deportivo municipal.

Si proseguimos por la calle peatonal de Marià Aguiló, en dirección al mar, y al llegar a Llull giramos a la izquierda, con la parada de autobús como punto de referencia, iremos a parar a lo que queda de Can Saladrigas, otra antigua fábrica textil, hoy convertida en biblioteca y casal para gente mayor.

No muy lejos de aquí, retrocediendo de nuevo por Llull, se encuentra la rambla del Poblenou, que data de 1886. La mayor parte de los edificios que la flanquean son de inicios del siglo XX y ni que decir tiene que aquí establecieron su residencia los más pudientes del barrio (industriales, comerciantes…). Destaca el Casino de l’Aliança (en el número 42), sede de una entidad recreativa y cultural creada en 1869 (si bien el edificio actual es de 1929).

En el chaflán de enfrente, la horchatería Tío Che, que lleva sirviendo sus productos, primero en la Barceloneta y más tarde en el Poblenou, desde principios del siglo XX. Su fundador, Pere Joan Iborra, llegó a Barcelona desde La Nucia (Alicante) en 1912, con la intención de embarcarse hacia América. El azar quiso que perdiese el barco y que se quedase aquí para hacer fortuna elaborando horchata y helados. “Che, prova això!”, era la frase con que ofrecía refrescos a los transeúntes, que lo rebautizaron con el mote de “Tío Che”.

En el suelo de la rambla, una serie de placas metálicas recuerdan a algunos personajes ilustres del barrio. Uno de ellos es Joan Agustí i Carreras, alcalde de Sant Martí de Provençals, que conmocionó a sus vecinos al suicidarse en 1891 de un tiro, a los 40 años, sin que nunca se llegaran a aclarar las causas de tan trágica muerte. (Por cierto, entonces el Poblenou dependía administrativamente de la población de Sant Martí.)

El escritor Xavier Benguerel (1905-1990), hijo del barrio, también tiene una placa, bien merecida, pues sin duda fue el mejor cronista de la vida cotidiana y los conflictos sociales de la Manchester catalana, en obras como El Poblenou o Icària, Icària (novela con la que ganó el premio Planeta en 1974).

Les dones del Cànem, cuya triste vida describe Benguerel, trabajaban en Godó Hermanos (Bartolomé y Carlos, los mismos del diario La Vanguardia), una fábrica de yute donde el empleo era seguro y los sueldos, de miseria. La factoría se encontraba entre las calles Llacuna, Ramon Turró y Llull, y tras la guerra civil (1936-1939) se convirtió en prisión para “rojos y separatistas”. De Guatemala a Guatepeor.

En el Poblenou tuvieron lugar sangrientas luchas entre obreros de ideología anarquista, que se rebelaban contra la explotación, y sus patronos. Uno de los líderes de aquellos trabajadores (también con placa), Joan Garcia Oliver (1902-1980), llegaría a ser ministro de la República en los primeros meses de la guerra civil, lo cual, tratándose de un anarquista, opuesto por definición a la idea de Estado, no deja de ser un caso insólito.

Una vez rambleada la Rambla, tomamos la calle del Taulat hacia la izquierda para girar a la derecha en Topete y llegar a la plaza Prim, que se había llamado plaza Isabel hasta la revolución de 1868. Aquel año el general Prim no sólo echó a Isabel II de España, también desterró su nombre de este lugar. Esta bella placita fue en su día el centro de la parte más antigua del Poblenou, la barriada del Taulat, un interesante conjunto de casitas bajas de mediados del siglo XIX, prácticamente desaparecido a causa de “reformas” recientes.

Según la leyenda, en esta plaza vivió un grupo de seguidores del socialista utópico francés Étienne Cabet, quien en Voyage en Icarie (1842) describió una sociedad ideal basada en la propiedad comunitaria y la igualdad social.

Las ideas de Cabet fueron “importadas” a Cataluña por el inventor Narcís Monturiol a través del semanario La Fraternitat. Un grupo de catalanes, entre los que se encontraban Joan Monturiol (hermano de Narcís), Pere Montaldo y Joan Rovira se desplazaron a Nauvoo (Illinois) para ayudar al viejo Cabet a fundar Icaria en tierras norteamericanas. Se dice que Montaldo, consecuente con sus ideas, llegó a participar en la guerra de Secesión en el bando antiesclavista y fue condecorado por su valor. Pues bien, entre 1846 y 1848 se intentó poner en marcha una Nueva Icaria en Poblenou.

Aquellos idealistas aspiraban a un mundo sin violencia, sin explotación, sin pobreza… Soñaban. Si hubieran vivido unos años más hubieran visto cómo, a un tiro de piedra de la plaza Prim, sobre la arena de la playa, se improvisaban barrios de chabolas (el Pequín, la Mar Bella, el Bogatell, el Somorrostro…), azotados por la miseria, el hambre y los temporales de mar, que en más de una ocasión se llevaron por delante vidas humanas. Si regresaran hoy, quizá les sorprendería saber que, según Cáritas, el 10% de los barceloneses sobrevive con menos de 300 euros al mes y que incluso, en estos últimos años de crisis, está reapareciendo el barraquismo (sin ir más lejos, en los solares abandonados de algunas antiguas fábricas del Poblenou). ¡Ah, las paradojas de la Barcelona del siglo XXI!

Enlaces relacionados con este recorrido:

Plataforma vecinal “Salvem Can Ricart” + Can Felipa + portal del Poble Nou + Archivo Histórico del Poblenou

Sitúa sobre el plano los puntos del recorrido con ayuda del buscador de la Guía urbana: clic.

Piquiponadas

abril 5, 2012

“El político Joan Pich i Pon es un tipo gracioso, de esos con los que es imposible aburrirse. Es capaz de definir el caviar como «huevos de centurión», decir de alguien con problemas de oído que es «más sórdido que una tapia», afirmar que ha visto una «luz genital», quejarse del calor de la «calígula», llamar «sifilítico» a un coleccionista de sellos o alabar la placidez de la «vida sedimentaria». Con todo, a veces acierta de lleno. Como el día de la inauguración de la Exposición Internacional de 1929, cuando le espeta al rey Alfonso XIII, ilustre pornógrafo, «¡Majestad, ante sus pies, la ubre!».”

(Historias de la historia pequeña de Barcelona, editorial Incorpore)

Domingos de gorra

octubre 29, 2011

Siempre va bien sacar partido de las actividades para bolsillos vacíos que nos brinda Barcelona. Por ejemplo, estos museos son gratis cada domingo a partir de las 15 horas:

-Museu d’Història de Barcelona (sede principal: plaça del Rei, s/n),

-DHUB (plaza de les Glòries, 37-38),

-Museu de les Cultures del Món (Montcada, 12),

-Museu de la Música (l’Auditori, Lepant, 150),

-La Virreina. Centre de la Imatge (Rambla, 99),

-Museu Blau (Pl. Leonardo da Vinci, 4-5),

-Jardí Botànic (Dr. Font i Quer, 2),

-Museu Frederic Marès (Pl. de Sant Iu, 5-6),

-Museu Picasso (Montcada, 15-23),

-CCCB (Montalegre, 5)

-y Museu Marítim de Barcelona (Av. Drassanes, s/n).

Además, el primer domingo de cada mes se puede acceder sin pagar al Museu Nacional d’Art de Catalunya (Palau Nacional, Parc de Montjuïc).

¡Que los disfrutéis!

La Tamarita

agosto 8, 2011

La familia barcelonesa de los Craywinckel, de origen belga, vendió a principios del siglo XX su finca La Tamarita (paseo de Sant Gervasi, 49) a Alfred Mata, un rico industrial algodonero. Mata construyó su mansión allí y encargó al arquitecto y paisajista Nicolau Maria Rubió i Tudurí embellecer los jardines. Durante la guerra civil, el caserón se convirtió en una checa de la policía política soviética. Muchos republicanos antiestalinistas sufrieron prisión y torturas en ella. Por cierto, ya que hablamos de la guerra, no muy lejos, en la torre del Doctor Andreu, que fue la sede del consulado soviético de 1936 a 1939, se conserva un amplio refugio antiaéreo de hormigón armado, pensado para soportar situaciones de aislamiento prolongado.

Hoy la casa de Mata es la sede de la Fundación Blanquerna. Los jardines forman parte de un bello y amplio parque público, adornado con estatuas, fuentes, una cascada y un invernadero. Nada más entrar hay un estanque flanqueado por dos leones durmientes. En la plaza de los Cuatro Continentes hay esculturas alegóricas que representan Europa, África, Asia y América. En fin, un lugar de visita obligada para todo aquel que se acerque a esta parte de Barcelona, camino tal vez del Tibidabo o de CosmoCaixa.