Consumo solidario en Barcelona

diciembre 12, 2018

https://www.elmercatsocial.cat

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Fumar mata

noviembre 27, 2018

Respirar l’aire de Barcelona, també…

https://www.ccma.cat/tv3/alacarta/latituds/laire-que-respirem/video/5799342/

Can Daguerre

noviembre 26, 2018

Por la dignificación del Raval

noviembre 8, 2018

 

Elogio del caminar

septiembre 15, 2017

“Caminar nos introduce en las sensaciones del mundo, del cual nos proporciona una experiencia plena sin que perdamos por un instante la iniciativa. Y no se centra únicamente en la mirada, a diferencia de los viajes en tren o en coche, que potencian la pasividad del cuerpo y el alejamiento del mundo. Se camina porque sí, por el placer de degustar el tiempo, de dar un rodeo existencial para reencontrarse mejor al final del camino, de descubrir lugares y rostros desconocidos, de extender corporalmente el conocimiento de un mundo inagotable de sentidos y sensorialidades, o simplemente porque el camino está allí. Caminar es un método tranquilo de reencantamiento del tiempo y el espacio. Es un despojamiento provisional ocasionado por el contacto con un filón interior que se debe solo al estremecimiento del instante; implica un cierto estado de ánimo, una bienaventurada humildad ante el mundo, una indiferencia hacia la tecnología y los modernos medios de desplazamiento o, al menos, un sentido de la relatividad de todas las cosas; anima un interés por lo elemental, un goce sin prisa del tiempo.

El paseo es una forma menor -y sin embargo esencial- del caminar. Rito personal, practicado sin cesar, ya sea de manera regular o al azar de las circunstancias, en soledad o en compañía. El paseo es una invitación tranquila a la relajación y a la palabra, al vagabundeo sin objetivo preciso, a retomar el aliento, a recordar un mundo tal como se percibe a la altura del hombre.”  (David Le Breton)

Un personatge marcadament barceloní

septiembre 12, 2017

«Jo crec que el carterista és un personatge marcadament barceloní. És clar que hi ha carteristes a París i a Madrid i a València i a Nova York, però són, al meu entendre, una altra mena de carteristes, menys hàbils, menys correctes, menys fins, menys especialitzats que els de casa nostra. Suposo que el lector no creurà pas que el meu orgull de català em faci exagerar la nota patriòtica fins a vantar-me d’haver nascut al país dels millors carteristes del món. No. Però tinc un especial interès a remarcar que el carterista barceloní ha contribuït, en certa manera, a donar un relleu internacional a la nostra ciutat. Imagineu-vos un monsieur Dupont que ha vingut a visitar l’Exposició i que se n’ha tornat a París sense haver tingut l’emoció de quedar-se sense cartera o sense haver experimentat la sorpresa d’haver-se trobat amb un parell de duros “sevillanos”. Què passarà? Passarà que monsieur Dupont tindrà un vague record de Barcelona i que al cap d’un temps s’anirà oblidant de la nostra ciutat massa cosmopolita, massa moderna, massa europea. En canvi, l’incident d’una sorpresa a base de duros “sevillanos” i l’aventura de quedar-se misteriosament sense rellotge i sense cartera és d’aquelles que no s’obliden fàcilment…
—Barcelona? —dirà—. Ah… una gran ciutat… Quan jo vaig anar-hi varen prendre’m la cartera… Quina mà tenen els carteristes barcelonins… Són uns asos, uns veritables asos!… No sentiu res, no us adoneu de res… i tanmateix a l’hora de pagar la nota us trobeu sense cartera… Aneu-hi, aneu-hi!». (Domènec de Bellmunt, 1930)

Lo esencial de Barcelona

julio 10, 2017

Si estás de visita en Barcelona y te preguntas qué visitar, ahí van unos cuantos consejos:

Lugares turísticos: la Sagrada Familia, la Pedrera, la Casa Batlló, el Park Güell, el Palau Güell, el casco antiguo (Ramblas, Catedral, plaza del Rei y Santa María del Mar), las montañas de Montjuïc y Tibidabo y los museos emblemáticos (Fundació Miró, MNAC, MUHBA, Museu Picasso, Can Framis y Museu de les Cultures del Món).

La Barcelona real: date un paseo por los alrededores de plaça d’Eivissa, plaça de la Vila de Gràcia, carrer Major de Sarrià, plaça d’Osca…, o incluso haz una excursión a Badalona, Mataró, Vilafranca del Penedès, Montserrat, Vic… Párate en cualquier restaurante a las 13-15 h y escoge un ‘Menu’ (por unos 10 o 12 euros).

La ciudad tiene un servicio de Barcelona Wifi para todo el mundo en las principales calles, avenidas, plazas, bibliotecas, mercados, etc.

El transporte público vale 1 euro/viaje si compras en las máquinas una tarjeta T10 (durante una hora y cuarto puedes usar tres transportes diferentes con el mismo viaje de la T10, bus-metro-tranvía, por ejemplo). Cuidadín con quién se te acerca en las calles y las zonas turísticas, los carteristas de Barcelona están por todas partes y se saben muy bien aquel viejo refrán que dice “Ave de paso, cañazo”.

¡Que lo pases bien!

Nuestra Eva

mayo 22, 2017

Los primeros habitantes del territorio que hoy ocupa Barcelona viven en un entorno agradable. La espelta, el trigo, las habas y los guisantes crecen sin esfuerzo en una tierra fértil, y las ovejas y las cabras pastan hasta hincharse. En la playa salen ostras a puñados y en el bosque de Montjuïc hay tantos jabalíes, corzos y liebres que hasta los cazadores más torpes se regalan con un buen asado de vez en cuando.
En las tumbas no se han hallado metales preciosos ni armas, solo objetos de uso diario y adornos sencillos. La época de los mercaderes y los imperios aún queda lejos. Puestos a imaginar, no hay explotación ni violencia, nadie ha dicho aún aquí mando yo, estas son mis tierras o atente a las consecuencias si cruzas esa frontera.
Según revelan los huesos desenterrados, tanto los hombres como las mujeres tienen el mismo porte, una estatura de un metro sesenta. Los restos más antiguos pertenecen a una mujer del Raval de hace seis mil años. Podemos mirarla a los ojos porque los mejores expertos del arte forense han reconstruido su rostro a partir del cráneo. Andaban buscándole un nombre. Un poeta lo tendría claro: Priscila, ‘la de la edad de oro’.

(Del libro Historias de la historia pequeña de Barcelona, ed. Incorpore)

La reina del Paralelo

febrero 15, 2016

Qué lejos quedan aquellos tiempos, allá por las primeras décadas del siglo xx, en que el Paralelo era la gran arteria del ocio nocturno de las clases populares de Barcelona, un animado universo de tabernas, teatros, cafés cantantes y music-halls que trataban de recrear la bohemia nocturna de París y que convivían con un submundo poblado por marineros, anarquistas, prostitutas, travestís, chulos, chaperos, cocainómanos, carteristas, pordioseros y buscavidas de todo pelaje.

De aquella época en que en el Montmartre barcelonés las músicas más alegres convivían con la más sórdida de las miserias quedan unos pocos vestigios, como los teatros Arnau, Apolo y El Molino (versión local del Moulin Rouge parisiense), y una estatua de la cupletista Raquel Meller junto al Arnau que la vio triunfar. La Meller fue la reina del cuplé romántico y sentimental desde su debut en 1911, y merece la pena pararse a observarla convertida en efigie de bronce mientras canta La violetera que la hizo célebre.

Pocos años antes, otra reina del Paralelo había hecho furor entre el público masculino, solteros, casados y viudos, gracias a la pulga que implacablemente, noche tras noche, se cebaba en sus blancas carnes: «Tengo una pulga dentro de la camisa / que salta y corre y loca se desliza; / por eso quiero poderla encontrar / y, si la cojo, la tengo que matar»: Consuelo Portela, la Bella Chelito, que se presentó en 1903, siendo una adolescente, en el teatro Onofri.

Este animalejo tan inoportuno había atacado a otras vedettes antes que a la Chelito, pero ella gastaba más arte que nadie a la hora de perseguirla. «Míreme bien, caballero, ¿la ve, usted?», preguntaba candorosamente, con su cara de niñita buena, mientras se bajaba el deshabillé para mostrar, visto y no visto, un pecho. El caballero enloquecía sin remedio, y con él todos los del teatro, que estallaban en aplausos y aullidos de «¡El otro, el otro!».

Tales admiradores solían aguardarla en la calle, tras la función, para regalarle flores y perfumes, entregarle cartas de amor y hasta pedirla en matrimonio. Su madre, doña Antonia, una mujer de armas tomar que no la dejaba ni a sol ni a sombra, no solía tener problemas para espantarle a los moscones, si bien es cierto que en más de una ocasión el ímpetu de semejantes jaurías obligó a la Guardia Civil a desenvainar los sables.

Para desgracia de sus admiradores de toda España y de Cuba, donde había nacido por azar cuando la isla era aún una colonia, la Chelito decidió retirarse en 1928. Con la fortuna ahorrada «con el sudor de mi cuerpo y la sabia administración de mi madre», como declaró en una entrevista, compró el teatro Chantecler de la plaza del Carmen de Madrid, el mismo que con el correr del tiempo se llamaría teatro Muñoz Seca. Se convirtió en empresaria teatral, renegó de las variedades, se hizo de misa diaria y se dedicó a su familia. Atrás quedaban los tiempos en que cierta prensa había atacado su pretendida indecencia y la había comparado con el diablo.

Pero ya se sabe que a rey muerto, otro en su puesto. Tan pronto como la Chelito desapareció de escena le salieron imitadoras en esto del cuplé golfo, erótico o sicalíptico (del griego sykon, ‘vulva’, y aleiptikós, ‘refregamiento’, ni más ni menos). Algunas, en ocasiones antiguas prostitutas que habían tomado clases de canto para cambiar la calle por el escenario, estaban dispuestas a despojarse de lo que hiciera falta con tal de echarle mano a la pulguita.

Recuerdo haber visto en la televisión local de Barcelona un reportaje sobre la vida nocturna de los años de la República. Un ancianito explicaba que, siendo un niño, se había colado en un teatro para contemplar el espectáculo por un agujero. Una de las artistas, quitándose estorbo tras estorbo en pos del bichito, se había quedado en cueros vivos. No le hizo falta jurar que aquello pasó como lo contaba. Pocas veces en mi vida le he visto brillar tan intensamente los ojos a nadie como a aquel buen señor.

(Del libro bilingüe Mujeres de Barcelona, Femmes de Barcelone)

Si te ha gustado esta entrada y te interesa la historia de la mujeres de Barcelona, no dejes de visitar este grupo: http://www.facebook.com/groups/1556970791001743

chelito

Un alma rebelde y libre

noviembre 24, 2015

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A principios del siglo XX, cuando con 17 años Lola Anglada acudía a clases de dibujo al natural en la Escuela de la Llotja de Barcelona, las chicas de familia burguesa como la suya no salían nunca solas a la calle. Su padre, don Gabriel, que la acompañaba de casa a la escuela y de la escuela a casa, trataba de que olvidase aquella manía suya de dibujar y pintar. Ella, en cambio, tal como explica en sus memorias, estaba decidida de veras a seguir su vocación. Para entonces Lola era ya una dibujante reconocida. En 1905 había publicado su primera ilustración en la revista satírica Cu-Cut!, de la mano de su maestro, el pintor Joan Llaverias. Desde 1909 colaboraba regularmente en el semanario infantil En Patufet.

En 1918 las esperanzas de su familia de que su afición por el arte fuera un pasatiempo pasajero se desvanecieron definitivamente. Aquel año se trasladó a París, donde pronto encontró trabajo en la editorial Hachette. El día que el señor Louis Hachette vio sus obras por primera vez, se quedó tan impresionado que quiso comprobar que no se trataba de un engaño haciéndola dibujar delante de él. Durante las décadas de 1920 y 1930, viviendo a caballo entre Barcelona y París, ilustró cuentos infantiles y libros de texto de las editoriales Hachette, Lafitte, Nathan y Roudanez.

En aquel París que le pareció tan luminoso y alegre, Lola pudo expresar su arte sin cortapisas y se codeó con los artistas bohemios del momento. Fue también allí donde entabló amistad con un exiliado ilustre, el político catalanista Francesc Macià, con quien compartía el deseo de ver caer la monarquía para instaurar una república catalana. En 1930 lideró la campaña por la liberación de los implicados en el complot del Garraf, que en 1925 habían intentado volar un túnel al paso del tren en que viajaba Alfonso XIII, y se ganó el sobrenombre de «marona dels presos». Entre 1931 y 1934 ilustró el semanario independentista Nosaltres sols!

Los mayores éxitos de su incansable actividad profesional los obtuvo narrando e ilustrando cuatro relatos fantásticos: En Peret (1928), Margarida (1928), Monsenyor Llargandaix (1929) y Narcís (1930). En los años treinta no había un niño en Cataluña que no hubiera leído alguno de estos cuentos. En Margarida manifestó su espíritu feminista al retratar a una jovencita de alma rebelde y libre, su alter ego literario.

Al inicio de la Guerra Civil, por encargo del Comisariado de Propaganda de la Generalitat, escribió e ilustró el cuento El més petit de tots (1937), protagonizado por la mascota de la causa republicana, un niño de pelo rizado, tocado con el gorro frigio y enfundado en un mono de miliciano, que alzaba el puño izquierdo y portaba una bandera catalana. Armada de cuaderno y lápiz, se dedicó también a recorrer las calles de Barcelona para plasmar a los combatientes antifascistas: milicianos y milicianas anarquistas, brigadistas alemanes de la columna Thaelmann, rusos enviados por Stalin…

Lola quedó condenada al ostracismo por «roja, separatista y peligrosa» cuando «los otros», a los que igualmente dibujó, ocuparon Barcelona en enero de 1939. Llegó a recibir amenazas de muerte, pero no se arredró. «Prefiero la muerte antes que claudicar», dejó escrito. Asfixiada por un ambiente de «días siempre idénticos, con procesiones, milagros, sermones, santificaciones, corridas, tangos y españoladas», se encerró en su exilio interior. Logró montar una prensa litográfica en un piso de la calle Enric Granados y vender estampas entre sus amistades. También publicó algunos libros sobre el pasado de Barcelona, en colaboración con el historiador Francesc Curet: Barcelona vuitcentista (1948), La Barcelona dels nostres avis (1948) y Visions barcelonines (1952-1958). No obstante, su situación económica precaria la obligó a vender a la Diputación de Barcelona su casa museo de Tiana y su colección de más de cuatrocientas muñecas antiguas, muchas compradas en los rastros de París, que hoy se exhiben en el Museu Romàntic de Sitges.

Tras la desaparición de Franco, Lola Anglada recibió el reconocimiento que merecía. Entre otros premios, se le otorgaron la Medalla del Foment de les Arts Decoratives (1980) y la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya (1982). Murió en 1984, en Tiana, a los 92 años. «Enamorada de la libertad», siempre independiente, no se casó ni dejó hijos. Su legado fue un océano de dibujos de una gran calidad técnica y de un estilo que muestra en cada trazo la sensibilidad fuera de lo común que poseyó.