Archive for 28 octubre 2010

Las Arenas, 1919-2011

octubre 28, 2010

A principios del siglo XX, la Barcelona Traction, Light and Power (popularmente conocida como La Canadenca porque se había constituido en Toronto en 1911) era la principal compañía de producción eléctrica de Cataluña. Corrían tiempos de gran agitación política y social. El 12 de febrero de 1919, sin ir más lejos, estalló en La Canadenca una huelga muy dura, promovida por la CNT, que dejó a oscuras Barcelona y se extendió como un fuego bien aventado hasta paralizar la mayor parte de la industria catalana. Tras muchos días de negociaciones, los dirigentes sindicales consiguieron que el gobierno de Romanones se comprometiera a liberar a los tres mil obreros que había encarcelado y a decretar la jornada laboral de ocho horas, y que la empresa ofreciese readmitir a todos los huelguistas despedidos y subirles el salario. Algunos radicales, no obstante, pretendían continuar la movilización hasta desencadenar una revolución proletaria. Fue el secretario general de la CNT de Cataluña, Salvador Seguí (1886-1923), quien, el 19 de marzo, durante un mitin en la plaza de toros de Las Arenas, logró que se aceptasen los acuerdos con un memorable discurso que fue seguido por más de veinte mil obreros en un silencio sepulcral.

Los tiempos cambian. Se anuncia ahora que pronto abrirá sus puertas en la antigua plaza el centro comercial Les Arenes, un auténtico edén de bienestar que tendrá 126 tiendas, 12 salas de cine, un gimnasio con piscina, ocho restaurantes, el Museo del Rock, un espacio multiusos, oficinas y parking. Será en marzo de 2011, coincidiendo con el 92 aniversario de la aprobación de la jornada de ocho horas.

Modernismo de segunda

octubre 23, 2010

A Josep Maria Jujol (1879-1949) a menudo le tocó hacer de corista en obras donde los grandes del modernismo ejercían de vedettes. El hecho de haber trabajado a las órdenes de Gaudí, sin ir más lejos, le convierte a ojos de mucha gente en un arquitecto menor. No tiene esta opinión, por ejemplo, el actor John Malkovich, quien, paseando una vez por Barcelona, se quedó con la boca abierta al darse de bruces con la jujoliana Casa Planells. Desde entonces, Malkovich proclama a los cuatro vientos que esta casa es la más bella del mundo.

La Casa Planells está en el número 332 de la avenida Diagonal. Alzada en 1924, se la considera el último edificio modernista de Barcelona. Es un inmueble de vecinos pequeño y esquinero, pero que llama la atención de los amantes de la arquitectura por su genial simplicidad. “¿Arquitecto menor?”, te preguntarás rascándote la barbilla la próxima vez que te pares en la Diagonal, esquina con Sicília, lado de montaña (para más señas). “¡Y un cuerno!”

La casa de los braceros

octubre 15, 2010

Josep Guardiola i Grau (1831-1901) salió de l’Aleixar, el pueblecito de Tarragona que le había visto nacer, siendo un jovenzuelo de diecisiete años. Cuando regresó a Europa, cuatro décadas más tarde, había acumulado una fortuna de veinte millones de pesetas. Y todo gracias en gran parte al café de Guatemala. Fue allí, concretamente en San Pablo Jocopilas, donde a mediados del siglo XIX compró una finca, El Chocolá, de la que supo extraer el mejor café de América central. Pronto se encargó de hacerlo llegar a las mesas de los más selectos sibaritas. Tuvo, además, la habilidad de deshacerse de la hacienda, por un precio que multiplicaba por miles el precio a que la había comprado, justo antes de que los precios internacionales del café cayesen en picado. Instalado en París, se dedicó a la buena vida, en compañía de Roser Segimon i Artells (1870-1964), una chiquita reusenca que se convirtió en su esposa en 1891.

En 1903, Roser, ya viuda, paseaba su duelo por el balneario de Vichy cuando Pere Milà i Camps (1874-1940), un muchacho de la burguesía barcelonesa con fama de seductor, se fijó en tan buen partido. Dos años más tarde eran marido y mujer. No tardó en correr el chiste de que Perico, que así llamaban a Milà, no se había casado con la viuda de Guardiola, sino con la guardiola (‘hucha’) de la viuda. Pere invirtió una parte de la fortuna de Guardiola en la construcción de una nueva casa para la pareja, la Casa Milà, que hoy es uno de los edificios más famosos del mundo.

Y si Pere obtuvo el dinero de Roser, Roser heredó su fortuna de Josep y Josep la amasó en Guatemala, aprovechemos la ocasión para dar las gracias a los jornaleros indígenas que trabajaron, a saber en qué condiciones, en los cafetales de El Chocolá. De algún modo, les debemos la Pedrera.

El marqués negrero

octubre 10, 2010

Antonio López y López de Lamadrid (Comillas, 1817 – Barcelona, 1883) fue un lince para los negocios. Nacido en un hogar muy pobre y huérfano de padre desde los dos años, emigró siendo muy joven a Cuba. Allí creó en 1850 una compañía que enlazaba por mar Guantánamo y Santiago. Al parecer, además de transportar pasajeros, sus barcos se encargaban de introducir clandestinamente esclavos en la isla. Con el capital así acumulado, López pudo comprar diversas plantaciones y fundar, ya instalado en Barcelona, en 1857, la Compañía de Vapores Antonio López y Cía., que conectaba los principales puertos de esta orilla del Mediterráneo. El Banco Hispano Colonial, la Compañía Transatlántica y la Compañía General Tabacos de Filipinas fueron sus siguientes éxitos empresariales. Y del dinero, a la nobleza, pues Alfonso XII le nombró primer marqués de Comillas (1878) y grande de España (1881) en agradecimiento por los servicios prestados durante las guerras coloniales de África y Cuba (los navíos de López habían sido el principal medio de transporte de las tropas, las provisiones y el material de guerra). Por su parte, las clases populares de Barcelona no quisieron ser menos que el monarca y concedieron a aquel aristócrata contrario a la abolición de la esclavitud otro título mucho más singular: el Negrero.

Al final de la Via Laietana, cerca de los porxos d’en Xifrer, hay una estatua de Antonio López. Muchas voces reclaman hoy que se retire. Hace tan sólo unos días, coincidiendo con el día mundial en Defensa del Trabajo Digno, los secretarios generales de CC. OO. y UGT de Cataluña mandaron una carta al alcalde para recordárselo. Y dado que hace algunos meses la avenida del marqués de Comillas ya desapareció del callejero barcelonés, os recomiendo que no dejéis de echar un ojo al monumento la próxima vez que paséis por el puerto. Tal vez tenga los días contados.

La arcada del acueducto

octubre 1, 2010

A diferencia de los cristianos de la edad media, que se duchaban siempre que una tormenta los sorprendía al raso, los romanos eran grandes amantes de la higiene. Ni a los mismísimos esclavos, considerados meros objetos parlantes, se les negaba el derecho a acudir a los baños públicos. Así, se entiende bien que jamás fundasen una ciudad sin garantizar antes el modo de proveerla de agua en abundancia. Las aguas del Besòs y de las fuentes de Collserola corrían hacia Barcino por dos acueductos magníficos. Confluyendo hacia la puerta noroeste de la ciudad por las actuales calles dels Arcs y dels Capellans, ambos acueductos se unían en la plaça Nova antes de verter sus aguas en los depósitos que abastecían a fuentes, casas y termas.

Hace ya algunos años, unos edificios de la calle Duran i Bas fueron derruidos. Se dice que un señor aficionado a documentar con su cámara fotográfica los cambios urbanísticos del casco viejo observó algo raro con su ojo avezado. Ciertos restos que acababan de ver la luz tenían aspecto de ser muy antiguos. Por fortuna dio la voz. Despertaban de las tinieblas de la historia los pilares y los arcos de uno de los acueductos de Barcino.

(Este post es un homenaje a los que circulan por la ciudad poco a poco, atentos al aquí y ahora, sin perderse ni un detalle, sonriendo, silbando, observando los edificios, los jardines, las tiendas, a la gente, a los niños, a las mascotas… Resultan mucho más simpáticos que quienes van siempre acelerados, centrados en sí mismos, lamentándose de los problemas que ellos se buscan, contagiando malas vibraciones a diestro y siniestro, girando enloquecidamente como peonzas que se hubieran dado impulso a sí mismas con la fuerza de un atlante. A los primeros, como mínimo, los amantes de la historia les debemos un acueducto. Clic)